Lavados de cerebro para cerebros lavados.
La lucha contra la programación psicológica de las llamadas sectas destructivas ha posibilitado la existencia, sobretodo durante los años setenta y ochenta, de profesionales de la psicología o de la psicoterapia especializados en desprogramar los cerebros del sectario, para "volverlos a la normalidad".
Alguno de los principales protagonistas actuales del mundo de la investigación
y combate contra las sectas han sido protagonistas personales de estos desagradables
episodios. María Rosa Voladeras, por ejemplo, vivió el
drama de la programación y desprogramación sectaria a través
de su hijo, quien durante dos años y medio perteneció al Movimiento
Internacional para la Conciencia de Krisna (conocidos popularmente como Hare
Krisna). El hijo de María Rosa Voladeras sufría una hepatitis,
que aún hoy sigue padeciendo, e ingresó en Hare Krisna tentado
con la promesa de que sería sanado gracias a los conocimientos de la
literatura védica y las escuelas vahisnavas de occidente. Cuando María
Rosa Voladeras descubrió que su hijo había ingresado en una secta
"destructiva" intentó encontrar ayuda en todos los centros
asistenciales y autoridades españolas sin conseguirlo. Así pues
buscó ayuda fuera del país, y como tantos otros padres de jóvenes
sectarios la encontró en Estados Unidos. Desde allí llegaron dos
especialistas con la misión de desprogramar la mentalidad sectaria del
muchacho. "Fueron unos días durísimos. -Explica la
Sra. Voladeras- Mi hijo estaba convencido de que lo iban a drogar y a prostituir.
Para el sectario todo lo malo que hay en la tierra son los padres. Todas las
sectas tienden a romper la relación con los padres, sea como sea. Lo
hacen degradando la imagen de los padres ante los hijos...".
En aquellos días el joven renunciante Hare Krisna cumplía su
servicio militar destinado en Ceuta, y María Rosa Voladeras y su esposo
solicitaron un permiso a los mandos del cuartel para su hijo, con la intención
de intentar una última actuación desesperada. El permiso fue concedido
y el mismo padre del muchacho acudió a buscarlo en coche. De regreso
un "casual y proverbial" pinchazo les obligaría a detenerse.
El padre se ensució deliberadamente más de lo previsto, y con
ese pretexto entraron en un local de carretera para aslearse. El joven Hare
Krisna fue conducido a una habitación donde le esperaban los dos desprogramadores
norteamericanos. Y allí sería encerrado para vivir el tortuoso
proceso de re-programación que duraría varios días. "Le
cerramos la puerta -declaraba Voladeras a un semanario nacional- y allí
se quedó con los desprogramadores. Esto fue un viernes a las seis, y
el domingo volvía con nosotros a casa". Después de esa
dramática experiencia María Rosa Voladeras, como otras muchas
madres de jóvenes sectarios, desprogramados o no, decidió dedicarse
a ayudar y asesorar a otras familias que sufran el problema de las sectas, siendo
co-fundadora de la asociación AIS
(Ayuda e Información sobre Sectas) perteneciente a Pro-Juventud.
Sin embargo, y pese a sus presumibles buenas intenciones, tanto familias de
sectarios como desprogramadores profesionales han recibido numerosas denuncias
por parte de movimientos religiosos de toda índole, por secuestrar y
maltratar psicológicamente a mayores de edad para imponerles su criterio
ideológico, que no legal.
En Estados Unidos las denuncias han llegado a arrojar sentencias condenatorias
contra desprogramadores profesionales que, además de obtener sustanciosas
sumas económicas de las familias de sectarios, han sido acusados de abusos
sexuales, malos tratos, etc., por parte de sus "pacientes". ¿O
sería más correcto decir víctimas? El grave problema de
las sectas en Norteamérica, que afecta a millones de ciudadanos, propició
inmediatamente un nuevo fenómeno social que rápidamente fue exportado
a otros países. Psicólogos en paro, o terapeutas de escasa formación
y actividad profesional, encontraron en la desprogramación sectaria una
jugosa fuente de ingresos. En su desesperación por recuperar al hijo
-padre, hermano o amigo- captado por una secta las familias están dispuestas
a pagar cualquier suma, amén de dar carta blanca al "especialista"
para que utilice los sistemas que crea oportuno para recuperar al sectario para
la sociedad "civilizada". Y eso motivó que en algunos casos,
afortunadamente los menos, llegasen a consumarse delitos graves contra el sectario,
que en ese instante se convierte en víctima por partida doble, de sus
programadores primero, y de sus re-programadores después.
El pasado año, y durante dos semanas, unos cuarenta inspectores de policía,
provenientes de diferentes provincias españolas, asistían en Madrid
a un cursillo de la Brigada de Información sobre Sectas. Entre las conferencias
impartidas a esos inspectores, por algunos de los estudiosos invitados a asesorar
a dicha Brigada, un sacerdote católico disertó sobre las creencias
de las sectas en una conferencia titulada: "Las Sectas destructivas
y la Iglesia". Según este experto en sectas, "la Iglesia
se distingue de la secta por su origen, medios, mensaje y fin. El análisis
de estos cuatro elementos en cualquiera de las iglesias cristianas, y sobre
todo en la Iglesia católica, manifiesta de manera fehaciente la diferencia
esencial entre la Iglesia y las sectas". Sin embargo, algunos de los
inspectores asistentes al curso se planteaban la siguiente reflexión:
¿y cuál es la diferencia?.
Las fuerzas de seguridad del estado son perfectamente conscientes de que se
han presentado denuncias por padres de jóvenes captados por movimientos
cristianos a los que definen como sectarios, como los Testigos Cristianos de
Jehová, la Iglesia Evangélica, o la Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Ultimos Días (mormones), entre otros. E incluso se han
realizado denuncias contra movimientos católicos como el Opus Dei, la
Renovación Carismática, o ciertas órdenes monásticas,
por parte de padres que han perdido a sus hijos al ingresar en estas organizaciones
religiosas sin su aprobación. Evidentemente para un agnóstico
o ateo, el hecho de que su hija renuncia a una vida normal, matrimonio, carrera
y familia, para hacerse monja carmelita, por ejemplo, resulta absolutamente
inaceptable, y no son pocos los casos de padres que han acusado a ciertas órdenes
religiosas católicas del secuestro y lavado de cerebro de sus hijos.
Sin embargo estos casos con frecuencia son obviados por los "expertos en
sectas" ya que resulta mucho más incómodo atacar un culto
política y económicamente poderoso como el catolicismo, que cultos
minoritarios y menos poderosos.
Este hecho incuestionable nos pone alerta contra una de las realidades menos
conocidas del fenómeno "Desprogramación", y es que en
todos y cada uno de esos grupos cristianos, y también católicos,
existen terapeutas y "expertos" dedicados a desintoxicar a los jóvenes
que han pertenecido a "falsas religiones" y que ahora abrazarán
la verdadera fe.
Al examinar la bibliografía de estos y otros grupos sectarios, podemos
encontrar libros escritos por Testigos de Jehová, mormones, numerarios
del Opus Dei, evangélicos, sacerdotes católicos, etc., examinando
el problema de las sectas, y catalogando todas las demás creencias cristianas
de sectarias, menos la suya, que lógicamente es la "auténtica".
De la misma forma existen misioneros Testigos de Jehová, elders, mormones
o pastores evangélicos dedicados a recuperar a ex-católicos (en
palabras literales de uno de ellos: "ex-adeptos a la secta del Vaticano"),
igual que existen supuestos expertos y desprogramadores católicos dedicados
a "recuperar" ex-mormones, ex-protestantes, ex-testigos, etc. Esta
lamentable realidad se debe a la profunda ignorancia sobre el problema, y al
oportunismo que se desarrolló en torno a las sectas durante los años
setenta y ochenta. Resulta absolutamente paradójico que se intenten combatir
las creencias de un grupo ideológico con otras creencias similares, o
a veces aún más absurdas. Lo único que se consigue con
esa actitud es cambiar la devoción irracional a un líder, gurú
o santón, por la misma devoción irracional a otro beato, pontífice
o santo. En ambos casos un lavado de cerebro sustituye a otro.
Por otro lado, existen denuncias -afortunadamente escasas- contra supuestos
psicólogos, terapeutas y expertos en sectas, que en realidad manipulaban
y abusaban de los mismos sectarios, o sencillamente intentaban sustituir unas
creencias por otras. Uno de los mayores escándalos en este sentido (publicado
en primicia por El ojo crítico números 1 y 2) fue protagonizado
por un conocido psicólogo y parapsicólogo, miembro de la Comisión
Parlamentaria para el estudio de las Sectas, y supuesto experto en desprogramación:
José Luis Jordán Peña. Tras años de intensa
actividad en este campo se descubrió que Jordán Peña era
el autor -ya confeso- del conocido affaire UMMO, además de ser
acusado de estar detrás de grupos y prácticas abusivas, fundamentalmente
con crédulas esotéricas. Pero Jordán Peña no ha
sido, por desgracia, el único psicólogo o terapeuta acusado de
abusos sexuales y psicológicos en el mundo de las sectas. El FBI, Scotland
Yard o la mismísima Policía Nacional Española posee abundante
documentación al respecto.
Sin embargo también es justo reconocer que en algunos casos las denuncias
contra desprogramadores profesionales efectuadas por miembros de sectas son
tan solo venganzas del sectario, o del propio gurú, contra quienes han
cuestionado su divina autoridad en la tierra. En este sentido Pepe Rodríguez,
uno de los mayores expertos en sectas de España nos decía: "El
problema de la desprogramación es complejo. Yo he estado presente en
muchas de esas sesiones de desprogramación y obviamente se cometía
un delito, un delito de secuestro. El adepto era conducido a una casa aislada,
normalmente una casa en el campo, y allí se le mantenía contra
su voluntad. Evidentemente eso era un delito de secuestro, y no es justificable,
pero todas las idioteces que se han dicho posteriormente sobre que si el adepto
era obligado a comer carne si era vegetariano, o a ir con prostitutas si era
célibe, son tonterías y totalmente falsas. Lo único cierto,
y por supuesto grave, es que la única forma que tenían los padres
de separar a su hijo de la secta para acceder a una vía terapéutica
era vulnerando su libertad y manteniéndolo en el lugar de la desprogramación,
pero eso era inevitable."
Son ya muchos los jueces, y también los especialistas, que observan
las similitudes entre las dependencias de narcóticos, y la adicción
religiosa que producen las sectas. Y de la misma forma que los toxicómanos
son apartados de su contexto social, que impulsa su adicción, para ser
tratados en granjas de desintoxicación, han sido muchos los jueces que
han permitido el "secuestro" del adepto a una secta para su tratamiento
contra la adicción emocional que le produce dicha secta. En esas sentencias
absolutorias, a favor de desprogramadores denunciados, los jueces alegan que
se ha permitido la consumación de un delito de secuestro para evitar
un mal mayor, que puede desprenderse de la adicción a una secta destructiva.
En la adicción a la secta, igual que en las drogodependencias, algunos
pacientes de desprogramadores consiguieron superar su dependencia, pero otros
terminaron volviendo a "engancharse". Y son precisamente estos últimos,
los adeptos que tras una o varias sesiones de desprogramación terminaron
volviendo a la secta, los que han realizado los informes más increíbles
denunciando estas prácticas. Por regla general -al menos en los casos
españoles- los desprogramados que no han vuelto a sus respectivas sectas,
se sienten satisfechos con el tratamiento.
Afortunadamente, en España, las desprogramaciones de adeptos a sectas,
tal y como las entendemos, dejaron de practicarse hacia 1985. En los últimos
diez años las técnicas para luchar contra las adicciones a movimientos
sectarios han evolucionado mucho. Los secuestros y presiones psicológicas
de los desprogramadores han pasado a la historia. La experiencia, las denuncias
y sentencias contra desprogramadores, y la madurez de los investigadores del
fenómeno sectario han contribuido a la consecución de técnicas
más efectivas y respetuosas de la libertad del sectario, para rescatarlo
de las cadenas que pueden suponerle sus propias creencias irracionales.
Pepe Rodríguez dirige actualmente un equipo de psicólogos y terapeutas
destinado a ayudar a ex-adeptos a sectas y a sus familias, pero tanto él
como su equipo rechaza ya el término "desprogramador". "Actualmente
preferimos el término terapeuta -nos explica-, porqué la
forma de ayudar al adepto a una secta ha evolucionado muchísimo desde
hace diez años. Afortunadamente ya no se atenta contra la libertad del
sectario. De hecho en las terapias actuales es imprescindible que el adepto
de el primer paso. Al igual que en las drogodependencias, el adicto es quién
ha de estar dispuesto a curar su dependencia. Esa condición indispensable
da un giro de 180 grados a las nuevas terapias para la recuperación de
sectarios."
Psicólogos y terapeutas como Ana Arias, José Mª
Jansá o Margarita Barranco, esta última psicóloga
de AIS (Ayuda e Información
sobre Sectas), todos ellos especialistas en ayuda a sectarios, intentan
poner al adepto en el papel de su líder, su familia, sus compañeros
de culto, etc. Usando técnicas como la psicoterapia Gestalt, entre
otras, intentan que el sectario conozca las otras perspectivas que existen en
su drama personal, hasta que poco a poco comienza a tener una perspectiva más
general e independiente de la fe que hasta ese instante ha profesado incondicionalmente.
Según la psicóloga Ana Arias, cuando el adepto comienza a descubrir
la dimensión del engaño de que ha sido víctima, sufre de
una profunda inseguridad, teniendo serias dificultades para tomar decisiones
en su vida personal. "Una vez recuperado el adepto -declaraba Ana
Arias- la función de la familia es de apoyo y comprensión.
El trabajo del adepto es enfrentarse a la sociedad y superar sus temores. El
terapeuta debe conseguir que el ex-adepto entienda el proceso por el que ha
pasado, y facilitarle la integración social y la rehabilitación,
porque en el grupo pierden muchas de sus capacidades, tanto sociales como laborales".
Esta evolución en las técnicas de desprogramación se debe
en buena medida a la similar evolución de los argumentos de las sectas.
A pesar de que todavía en la actualidad solemos escuchar con frecuencia,
a nivel popular y profano, el término "sectas" seguido del
término "religiosas" lo cierto es que limitar el problema de
las sectas a las llamadas "sectas religiosas" es una postura obsoleta
y anticuada.
Los terapeutas que han asumido el rol de los antiguos desprogramadores han
de enfrentarse ahora a otro tipo de argumentos y elementos de captación
de sectarios. En la actualidad el concepto secta debería ser ampliado
a muchos grupos que no encajarían en la clasificación ortodoxa
de "religiosos" como los nuevos cultos OVNI, algunas órdenes
esotéricas, movimientos parapolíticos y extremistas, grupos racistas
u xenófobos, asociaciones comerciales piramidales, bandas urbanas, y
un largo etcétera. La fragilidad emocional del ser humano, y nuestra
incorregible necesidad de líderes que piensen por nosotros, hace que
en la sociedad actual estén proliferando y multiplicándose las
agrupaciones sectarias dispuestas a captar nuestra mente, y nuestro bolsillo,
al primer descuido. Y por esa razón las técnicas de desprogramación
y las terapias destinadas a recuperar a los ex-adeptos de estas asociaciones
también tienen que evolucionar y adaptarse a las nuevas técnicas
de manipulación de estos nuevos gurús políticos, paramilitares,
esotéricos, ufológicos, etc. Y sobre todo mantenerse dentro de
la ley y la moral que pretenden defender. De lo contrario caerían en
el delito que pretenden combatir.
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