La construcción androcéntrica de la Historia por parte del sistema patriarcal en el que vivimos ha supuesto un sesgo fundamental en la visión que se ha transmitido de las mujeres a lo largo del tiempo. Las gestas y hazañas que han ido construyendo el devenir de los pueblos han sido transmitidas por hombres que han realzado las virtudes de sus coetáneos olvidando a la otra mitad de la humanidad. La presencia de la mujer en la Historia se vio limitada hasta hace bien poco a hechos tan reprobables como el que relatamos aquí. Ahora que está tan en boga el resurgir de lo femenino, nos adentramos en la historia de las brujas y hechiceras canarias, para descubrir otra visión, sorprendente, que difiere en grado sumo a la contada por los estudiosos de la época.
"El escribano de la causa observó que tenía en la espalda
una señal de bruja, a lo que ordenó el gobernador: pues que es
bruxa, denle tormento, pues tiene señal de bruxa. Se negó, muy
valientemente, a declarar. Pero, sometida a un brutal tormento - el potro, la
toca y la polea, con pesos colgando de sus pies-, acabó confesando los
hechos propios de la acusación que se le hacía: pacto con el demonio,
que se le aparecía en forma de camello garañón y al que
besaba el pie; volar por los aires, echando alhorra sobre los campos; chupar
niños, abriéndole el demonio las puertas; untarse con un ungüento
blanco que hacían con tútano de perro y sebo y tútano de
camella y cabra, y con otro verde que el diablo les daba." Lucía
de Cabrera (Lanzarote, 1577), autora de la confesión que cita Francisco
Fajardo Spínola, estudioso del tema, se retractó de la declaración
que obtuvieron los inquisidores a través del tormento alegando que lo
dijo con miedo y fruto de la tortura. Murió poco después como
resultado de ésta.
La caza de brujas en Canarias no fue tan masiva como en la vieja Europa, pero
sí digna de estudio por las variantes que introduce. El caso de esta
mujer es paradigmático; recoge en la confesión la mayor parte
de las atrocidades de las que se acusaba a las brujas, pero aderezadas con elementos
culturales propios: el diablo convertido en camello, por ejemplo o el tuétano
y sebo de camella y cabra, animales propios de la isla.
Las noticias sobre la brujería y hechicería en las Islas Afortunadas
fueron analizadas por muchos estudiosos partiendo de sus propias creencias y
prejuicios. Pese a que el Archivo Histórico Nacional y el Archivo del
Museo Canario recogen numerosos procesos contra mujeres acusadas de superstición
(amplio epígrafe donde tenían cabida la brujería y la hechicería),
la interpretación dada al fenómeno lo aleja en ocasiones de la
raíz canaria para situar todas las culpas en las moriscas, esclavas africanas,
berberiscas y/o peninsulares que poblaron las islas después de la conquista.
"(...) fueron estos moriscos de Berbería los que infestaron,
moral y espiritualmente, los hogares de cristianos viejos, verdaderos adalides
de la fe católica. (...) Las moriscas fueron las que más relajaron
y envenenaron el ambiente social y religioso con sus prácticas, conjuros,
ligamentos, maneras de vivir, etc." (Sebastián Jiménez
Sánchez, 1955).
Y si bien es cierto que la influencia de estos colectivos fue notable, no podemos
olvidar la historia y la tradición mágica que tenía lugar
en Canarias antes de la llegada de los conquistadores con su cruz y su espada.
Las crónicas de los historiadores nos han transmitido una visión
de las mujeres aborígenes bastante peculiar. Desde los oráculos
de Tamonante y Tibiabín en Fuerteventura hasta la combatividad de las
mujeres palmeras, nos encontramos con una gran variedad de relatos que ponen
de manifiesto el significativo papel que desempeñaron las mujeres en
la conquista. La presencia de éstas en los ritos mágico-religiosos
también es destacable, y así nos encontramos en Gran Canaria con
la existencia de las maguadas o harimaguadas, lo que nos habla
de una tradición en la que el culto a la fertilidad y los ritos de purificación
están presentes en la vida cotidiana.
En definitiva, en Canarias nos encontramos ante un caso, no de matriarcado,
pues no existía esa desigualdad entre hombres y mujeres propia de la
cultura patriarcal, sino de matrilineazgo y matrifocalidad. La herencia se transmite
de la madre a los hijos, el derecho de propiedad es de titularidad femenina,
se adora la diosa madre de la fecundidad y de la tierra (ejemplos arqueológicos
como el ídolo de Tara así parecen confirmarlo), se exalta la maternidad
y la mujer goza de las máximas libertades en el terreno sexual. Nada
obliga a la mujer a guardar fidelidad conyugal ni existen los mismos conceptos
de virginidad, castidad, repudio y legitimidad de los hijos que podían
tener los conquistadores.
Después de la conquista y tras el exterminio de gran parte de la población
aborigen, la mezcla de razas fue evidente, pero aún así pervivieron
muchas costumbres y tradiciones, por las cuales fueron satanizadas muchas mujeres
y acusadas de brujas. Tengamos en cuenta que la conquista de Canarias finalizó
en los inicios de la caza de brujas en Europa. Y aquí no nos íbamos
a quedar atrás.
La misoginia europea
La ola de terror misógino que asoló fundamentalmente Europa, aunque
también afectó a América (recuérdese si no a las
"brujas de Salem"), durante los siglos XVI, XVII y XVIII no tiene
una fácil explicación, pero demuestra hasta qué punto los
hombres ejercían el poder sobre las mujeres, qué grado de sadismo
sexual y violencia llegaron a emplear en sus torturas y hasta qué punto
el miedo y el odio se convirtió en el principal acicate de la mayor matanza
de mujeres de la historia, por una causa diferente a la guerra. Si a eso le
añadimos los cambios económicos, políticos y religiosos
(la Reforma y la Contrarreforma) que sufría Europa ya tenemos preparado
el contexto.
Los aquelarres, los pactos con el diablo, los niños a los que les chupaban
la sangre, las cópulas con el demonio,... fueron la excusa perfecta para
el ensañamiento de los jueces, inquisidores, torturadores, carceleros,...
sobre mujeres "viejas, pobres, analfabetas, viudas y curanderas".
Ese quizás fue el mayor delito, ser mujer con esas características.
Se calcula que cien mil mujeres pudieron haber sido ejecutadas, y si bien entre
un 10% y un 20%, según las poblaciones, de acusados fueron varones, más
del 80% fueron de sexo femenino. Pero al margen de las ejecuciones nos quedan
otros cientos de miles de mujeres (se calcula que más del doble de las
ejecutadas) desterradas, multadas, humilladas y estigmatizadas con el sambenito
de bruja.
El control sobre sus cuerpos, especialmente sobre la sexualidad, la marginación
del mundo productivo y la desvalorización de sus conocimientos médicos
fueron estrategias empleadas para sumir a las mujeres en la más absoluta
indefensión y soledad frente a terribles acusaciones. Sin embargo, hoy
hemos de agradecer a aquellas mujeres los conocimientos que nos legaron y la
simiente que sembraron en otras mujeres en la búsqueda de nuestro poder:
el uso de plantas como la belladona, el cornezuelo, la dedalera,... con fines
terapéuticos, la capacidad de curar y curarnos a nosotras mismas, la
posibilidad de elegir nuestras vivencias sexuales, la libertad de asociarnos
y la posibilidad de acceder al mundo laboral. El ansia de libertad e independencia
hace tres siglos lo pagaron muy caro...
Hechicería y brujería: el exterminio del poder femenino.
Judíos, portugueses, moriscos, esclavos africanos, castellanos, andaluces,...
toda una mezcla de gentes y costumbres fue a poblar las islas una vez finalizada
la conquista. Si a eso le añadimos la posterior influencia de países
de América como Venezuela, Cuba o Brasil, fruto de la emigración
de canarios allá nos encontramos con una tradición curanderil
sincrética en la que perviven elementos aborígenes (quizá
los más escasos) con elementos europeos (cristianos), africanos y latinos.
Todo un cocktel explosivo para unas islas mágicas y estratégicas.
Entre 1499 y 1714 fueron denunciadas por hechicería 1.136 mujeres frente
a 109 hombres. El término bruja no aparece hasta 1529, y aunque no parece
establecerse una delimitación clara entre las brujas y las hechiceras,
parece que hay rasgos de las brujas (volar, chupar las sangre de los recién
nacidos,...) que las hechiceras no los practican. Aunque ambas prácticas
son consideradas maléficas, por los inquisidores, la hechicería
puede tener un carácter benéfico y curativo, aunque lo más
normal es que se utilice para atraer o conservar el amor de una persona, para
adivinaciones o curaciones. La brujería, quizás derivado de la
histeria colectiva y misógina que recorría Europa, se la consideraba
instrumento del demonio. Satanás campaba a sus anchas por la Tierra y
las brujas eran sus servidoras. Claro que, nada más lejos de la realidad.
La mayor parte de las mujeres procesadas por hechicería o brujería
fueron de baja condición social, de mediana edad y de grupos étnicos
marginados, siendo arrancadas muchas de sus confesiones a través del
tormento, con lo cual se puede afirmar que son los jueces inquisidores los creadores
de la confesión. Si bien se llegó a generar un miedo colectivo
ante las presuntas brujas o hechiceras no se produjeron explosiones de histeria
ni persecuciones masivas como en la vieja Europa, aunque la Inquisición
jugó un importante papel moderador en este sentido.
En general, tras el delito de superstición se escondían aquellas
prácticas relacionadas con la magia amatoria, la adivinación o
la sanación, aunque en el siglo XVIII la hechicería se torna más
siniestra y se la relaciona con toda suerte de maleficios. Los supuestos pactos
con el diablo empiezan a proliferar, aunque también podemos encontrar
referencias interesantes desde el siglo XVI. En la visita que realizamos al
Museo Canario en Las Palmas de Gran Canaria, tuvimos la oportunidad de tener
en nuestras manos cientos de legajos sobre procesos inquisitoriales y cuál
no sería nuestra sorpresa al comprobar la existencia de un patrón
prefijado en las acusaciones. Si comparamos procesos distintos vemos que se
repiten las mismas: "menosprecio del sacramento del bautismo, pacto
con el demonio en forma de camello o cabrón negro, chupar la sangre a
bebés, mujer pertinaz que creía en los engaños del demonio,
estropear las cosechas". Estas acusaciones, hechas al mismo tiempo
contra Lucía de Herrera y Lucía de Cabrera (dos
mujeres diferentes pese a la coincidencia en el nombre) motivaron la muerte
de la segunda víctima de la tortura, el uno de enero de 1578, siendo
enterrada por mandato del Inquisidor en el hospital donde falleció. Lo
curioso de ambos casos es que en la acusación de chupar la sangre a un
bebé no citan ningún dato de identificación del bebé
ni de su madre, simplemente hablan de "una mujer parida de 6 días".
"A la hora de media noche poco más o menos estando las puertas
de dicha casa cerradas, una hacienda en el campo, la dicha Lucía de Cabrera
juntándose con el demonio se fue para la casa (ilegible) el dicho
demonio abrió las puertas del aposento donde la dicha mujer parida estaba
(ilegible) y viendo ocularmente la dicha mujer que la dicha Lucía
le chupara su criatura no pudiendo menearse a quitársela, le dijo muchas
veces con ruegos que no le chupara su criatura y (ilegible) hasta tanto
que (ilegible) dejósela ya chupado la dicha Lucía de Cabrera".
El patrón prefijado de acusaciones motivó que muchas de las confesiones
se ajustaran al mismo. Las mujeres presionadas por la tortura, el escándalo,
el aislamiento social, la falta de apoyo de su entorno,...declaraban lo que
el juez quería escuchar. Un elemento importante en la cultura canaria
son los bailes de brujas. Todavía perviven en nuestra geografía
lugares con nombres alusivos a esos supuestos encuentros de mujeres que danzaban
y cantaban por nuestros montes (El Bailadero en Tenerife, El Llano de las Brujas
en La Palma,...). Las palmadas y las patadas en el suelo formaban parte de algunos
rituales de magia amatoria y de conjuro de males:
"Con dos de veo
y con cinco de encanto,
la sangre te bebo,
el corazón te parto,
que hagas lo que te mando,
como mando la suela
de mi zapato"
(Y se dan tres patadas en el suelo)
Las oraciones, producto del sincretismo religioso, son sumamente utilizadas
también para conjurar maleficios, males de ojo, y también, cómo
no, para amarres de parejas. Las más comunes son a Santa Marta, a San
Silvestre o a las ánimas del purgatorio.
"Marta, Marta, la que los vientos levanta
la que los Diablos encanta
la que guiso los vinos a los finados, la que quitó los dientes a los
ahorcados
La que desenterró los guessos a los enterrados
La que con Doña María de Padilla trato y conversso
La que los nueve hijos pario y todos nueve se le desminuyeron...
Asi como esto es verdad, me bayas al coraçon de Bartolomé Guerra
y me le quites tres gotas de sangre donde quiera que estuviere melo traygas
presto corriendo volando donde yo Margarita estoy assi me lo amarres y amanses
y me le pongas el amor en su coraçon, paraque me quiera, y en su memoria
me tenga que no me pueda olvidar de noche ni de dia donde quiera que estuviere,
para que ninguna mujer donde quiera que estuviere no tenga sosiega ni pueda
comer ni dormir sino fuere conmigo ni pueda tener otra mujer"
(Extraído literalmente de la Colección Bute, The inquisition
in The Canary Islands, del proceso a Catalina del Castillo, hechicera
de La Gomera).
Y finalmente, las hierbas, plantas, minerales,... cualquier elemento que tuviese
poder de sanación era utilizado por las supuestas brujas con fines terapéuticos.
Quizás ha sido este conocimiento el que más ha pervivido en Canarias
hasta la actualidad y el que se ha transmitido de generación en generación
y ha sido aprovechado por nuestras modernas sanadoras, curanderas y santiguadoras.
La pervivencia de la tradición: curanderas y santiguadoras.
Afortunadamente, las islas Canarias aún conservan vivas algunas tradiciones
entre las que destaca la del curanderismo. En todas nuestras islas nos encontramos
con mujeres con conocimientos en medicina popular, "yerberas" sabias
que identifican las mejores plantas medicinales para ser aplicadas en las más
diversas dolencias. La aplicación de hierbas y los rezados o santiguados
son las técnicas más empleadas por las "brujitas" modernas,
aunque la mayoría de estas mujeres desechan el término bruja porque
lo consideran peyorativo. Ese es otro de los triunfos del sistema patriarcal:
el dotar de significado negativo un término que encierra la sabiduría
medicinal de las mujeres.
Dicen que la esencia más pura va en tarro pequeño y parece ser
que en algunas personas también se cumple esa máxima. Carmencita
es una mujer menuda y alegre que destila bondad por todos sus poros, y una de
las mejores santiguadoras que perviven en la isla de La Palma. Con casi sesenta
años, lleva 17 atendiendo sin apenas descanso, de la mañana a
la noche, a los cientos de pacientes que pasan por su casa. Hombres, mujeres,
niños, niñas, jóvenes o viejos, del lugar y de fuera, se
acercan hasta las puertas siempre abiertas de esta mujer para ser tratados de
diferentes dolencias. Fundamentalmente, problemas de estómago, "nervios,
stress, hoy en día la gente vive muy rápido, no se conforma con
lo que tiene, hay mucha ambición, por eso enferman muchos".
Aquí en Canarias, eso se conoce como las madres descompuestas (para las
mujeres) o el pomo virado (para los hombres). "Yo en realidad lo más
que hago es dar masajitos en la barriga, aunque también curo erisipela,
herpes o culebra,... hay muchos médicos que me mandan gente".
Como vemos, la tradición popular convive con la medicina tradicional.
Cuando le preguntamos a Carmencita si no había encontronazos entre ambas
prácticas comenta que "la mayoría de medicinas se obtienen
de plantas, además a veces es mucho mejor una buena tacita de ruda que
una pastilla". Pero también, ella deposita gran parte de la
responsabilidad del cambio y la mejoría en el paciente, especialmente
en los casos de nervios: "un psicólogo o un psiquiatra te pueden
ayudar, pero como no te ayudes tú no hay mucho que hacer, la mejor ayuda
es una misma".
Aunque Carmencita piensa que esa facultad de sanar nace con la persona, lo
cierto es que ella aprendió de su tía Juanita, ya fallecida,
gran parte de sus conocimientos, "yo me crié viendo lo que hacía
mi tía y ahora yo hago lo mismo que ella". Juanita fue otra
de las grandes curanderas o sanadoras de la isla. Hemos podido recoger numerosos
testimonios al respecto, incluyendo el de quien esto escribe, que pasó
por sus manos a la edad de dos añitos para ser curada de "susto",
un mal muy común al parecer entre la población infantil canaria.
Los síntomas se traducen en inapetencia, vómitos, mareos, temblores
y tristeza.
Volviendo a Carmencita, una de sus peculiaridades es que no cobra a sus pacientes,
ella opina que "si puedes hacer el bien no hagas el mal, si haces el
bien te encuentras más satisfecha tú, yo me encuentro muy bien
cuando doy a los demás, cuando procuro la sonrisa de un niño o
de un enfermo, para mí ese el mejor regalo".
Carmencita es un perfecto ejemplo de las ya escasas curanderas tradicionales.
Las mayores nos han ido dejando, pero algunas jóvenes intentan retomar
esa sabiduría ancestral. En La Palma también tuvimos la oportunidad
de entrevistar a una de esas mujeres jóvenes que a sus 33 años
también practica viejos santiguados:
Para quitar el sol, es decir, la enfermedad debida a la exposición prolongada
a los rayos solares, se pone un paño doblado sobre la cabeza del paciente
y encima una vaso con agua mientras se hacen cruces en ella y se reza:
"Sol, sol, vete al sol,
deja a (nombre del paciente) su resplandor.
Hombre santo nómine,
quita el sol y aire si hay.
Así como el mar no está si agua,
ni el monte sin leña,
ni el cielo sin ti,
rosa de Cristo,
coge tus rayos
y vete de aquí"
(Se tiene que rezar un Credo al terminar y repetir durante 3 días).
Para quitar el mal de aire, nuestra joven sanadora se sienta delante de la persona
afectada y con una escoba haciendo la señal de la cruz, va barriendo
hacia fuera y rezando:
"Aire yo te barro de las carnes de esta criatura (nombrar las partes
malas) y de todo el cuerpo que tiene esta criatura, con la escoba que barro
la basura, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Salga el mal y entre el bien".
(Se tiene que rezar un Padrenuestro 3 veces durante 3 días).
La medicina oficial canaria aún sigue preguntándose cómo
funcionan los santiguados, pero lo cierto es que funcionan. ¿Sugestión?
¿Magia? Lo que sí da resultado y es mucho más sano en ocasiones
que la farmacopea alopática son las "yerbitas", es decir, la
medicina popular basada en el uso de hierbas. Y mientras sigan perviviendo en
nuestras islas esas entrañables mujeres seguirán recomendándonos
una tacita de salvia para el mal de aire, unas rodajas de papas en las sienes
para el dolor de cabeza, una infusión de ruda para el empacho, unas hierbas
aromáticas (pazote, hierba buena y naranjo) para el susto,... eso sí,
con pequeños trucos añadidos que no vamos a desvelar para que
el misterio y la magia de las sanadoras siga perviviendo en el tiempo.
Para saber más:
ANNE LEWELLYN BARSTOW, La caza de brujas en Europa. 200 años
de terror misógino. Editorial Tikal.
FRANCISCO FAJARDO SPÍNOLA, Hechicería y brujería
en Canarias en la Edad Moderna. Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, Las
Palmas, 1991.
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