Podrían convertirse en una especie de "dioses" blancos, llegados del cielo a bordo de sus "pájaros de hierro", para obrar el milagro y salvar de sus miseria a miles de seres humanos. Pero sólo crearía una dependencia malsana y una mitificación de su trabajo. Por eso, los voluntarios de Ayuda en Acción han optado por enseñar a pescar, en lugar de dar un pez... Sólo de esta forma conseguirán apoyar la evolución de todo un pueblo hacia su autosuficiencia económica, cultural y social, hacia una Nueva Era de prosperidad, donde ahora solo hay miseria, muerte y hambre.
Hay quienes opinan que la situación del Tercer Mundo es insalvable, pero aún hay esperanza porque a pesar de la miseria, el hambre y la sequía, merece la pena seguir luchando. No es justo cerrar los ojos escudándonos en nuestra supuesta impotencia. Muchas asociaciones humanitarias combaten ferozmente contra la miseria y el hambre en todo el planeta; Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Unicef, Cáritas, etc, pero una de ellas utiliza sistemas muy diferentes, Ayuda en Acción.
Con participación en 23 países del mundo, Ayuda en Acción/España fue fundada hace 12 años por Gonzalo Crespi. Desde entonces hemos visto constantemente en prensa, radio o televisión sus anuncios solicitando nuestra ayuda para el Tercer Mundo. Pero a diferencia de otras asociaciones, Ayuda en Acción no acude a una tragedia puntual, a un desastre ecológico o a una guerra en marcha para prestar un auxilio inmediato pero temporal. Su labor es muy diferente. "Nosotros no hacemos repartos de alimentos normalmente, no enviamos técnicos o médicos occidentales, ni pretendemos erigirnos én redentores coloniales, nuestro trabajo es intentar enseñar a pescar más que dar un pez al hambriento". Con estas palabras Pablo Alcalde, coordinador de nuestro viaje a los proyectos de Ayuda en Acción a Malawi (Centro Africa), nos introducirla en la filosofía de esta asociación. Así, el 16 de abril un grupo de periodistas españoles partíamos hacia el Tercer Mundo con el fin de analizar, in situ, cómo se emplean los millones de pesetas que los socios de Ayuda en Acción/España donan mensualmente a la asociación.
Llegamos al aeropuerto de Lilongwe, capital de Malawi, en la mañana del 17 de abril. Malawi, protectorado británico desde 1891, alcanzó su independencia el 6 de julio de 1964, pasando dos años después a convertirse en república integrada en la Commonwealth, convirtiéndose R.K. Banda en su primer y actual presidente.
Limitando con Tanzania, Mozambique y Zambia, este pequeño país africano de 8,8 millones de habitantes, posee un inmenso lago que ocupa gran parte del país. Pese a ello, en 1992 una devastadora sequía asoló gran parte de Africa oriental, siendo el sur de Malawi una de las zonas más castigadas por la pérdida de cosechas. Gran parte de la población quedó en situación de dependencia de la ayuda alimentaria, y de forma excepcional Ayuda en Acción colaboró con otros organismos humanitarios internacionales, desarrollando una ágil Operación de Emergencia, con el fin de recolectar fondos españoles de ayuda a Malawi. Sin embargo, las 12.500 toneladas de semillas adquiridas con los fondos españoles, no se destinaron a la alimentación de los malawis, sino que se utilizaron en la siembra de una cosecha que justo un año después, durante nuestra visita al país, comenzaba a dar sus frutos. Gracias a esa operación de emergencia, este año miles de personas podrán comer en Malawi. Debo de reconocer que pasear por los sembrados acariciando esas mazorcas de maíz plantadas con semillas españolas, nos producía un especial orgullo; eramos conscientes de que aquellas plantaciones, y el alimento que saldría de ellas se debían a la participación de miles de españoles que se solidarizaron con esa operación.
En Lilongwe nos reuníamos con Colin Andrews, inglés afincado en África hace muchos años v director de Ayuda en Acción en Malawi, que nos pondría al corriente de la amarga, pero esperanzadora situación del país.
Con un alto porcentaje de mortalidad infantil, la esperanza de vida en Malawi es poco mayor a los 40 años. A los problemas de sequía y hambruna ha venido a sumarse la presencia de más de un millón de refugiados mozambiqueños que huyendo de la guerra en su país acuden a Malawi en busca de techo y alimento, así que las ayudas alimentarias han de repartirse entre un mayor número de beneficiarios.
Andrews, responsable de Ayuda en Acción desde su fundación en Malawi, nos comenta que el precio de una de las cervezas que nos estamos bebiendo, a un precio de 3 kuachas cada una -un kuacha equivale a unas 28 pesetas-, supone la escolarización de un niño en Malawi durante un año. Y hay familias que no pueden permitirse ese lujo.
Un país de contrastes
Además del chichewa, idioma oficial del país, el inglés está mayoritariamente extendido en todo Malawi, precisamente por su pasado como protectorado británico. Y por ello no es difícil encontrar turistas europeos en las zonas de lujo en el país.
En las orillas del lago Malawi, por ejemplo, nos encontramos uno de los grandes y significativos contrastes. En la playa de Livingstonia Beach hay una de las más hermosas y cuidadas zonas turísticas. Lanchas motoras, surf, sombrillas de colores. . . la mitad de la playa presenta todas las comodidades occidentales, pero un poco más allá, saliendo de los márgenes turísticos, el contexto cambia radicalmente. Las arenas de esa misma playa aparecen más oscuras y descuidadas, restos de mugre y suciedad aparecen por doquier. Nos encontramos cabras y ovejas pastando, y allí mismo, pobres cabañas y tiendas de tela que sirven de hogar a docenas de familias. El contraste resulta brutal, como ocurre en toda Africa...
A medida que hacemos kilómetros, descubrimos nuevas facetas del carácter y personalidad de los malawis. Llevan consigo todas sus pertenencias, y la mayoría visten harapos y carecen de zapatos. La miseria está generalizada entre la población, pero eso no ha conseguido matar su alegría y hospitalidad natural. Cada vez que entramos en un nuevo pueblo, docenas de niños rodean nuestros todoterreno saltando y gritando alegremente. "¡Musungos, musugos!"(hombres blancos).
En el distrito de Dowa visitamos la base de Ayuda en Acción, desde donde se distribuyen las ayudas económicas para los más necesitados. Su principal objetivo es intentar, a toda costa, liberar en lo posible a los más humildes pueblos con la ayuda alimentaria exterior. Así se han improvisado, por ejemplo, un sistema de créditos en semillas para que los campesinos puedan plantar su cosecha y no comerse las semillas, con lo cual el año siguiente podrán alimentar a sus amplias proles sin tener que seguir dependiendo de los repartos de comida. Pese a ello, la base fundamental de la alimentación rural es el maíz, y ese único alimento no es suficiente, sobre todo para los niños menores de cinco años. De ahí que esa malnutrición acarree un altísimo índice de mortalidad infantil.
Por esa razón, Ayuda en Acción ha elaborado proyectos como el de un humilde criadero de pollos. Facilitando los fondos para adquirir los primeros animales, las mujeres de una pequeña aldea de Masakandewa, han instalado un criadero de pollos en un destartalado cobertizo, lo que les permite ampliar su alimentación mínimamente y contribuir a la economía familiar comerciando con los huevos. De igual forma el agua es un grave problema en toda África. Las pasadas sequías que asolaron numerosos países del continente negro alentaron enfermedades como la malaria, el paludismo, etc. Fundamentalmente, el sur de Malawi vivió ese problema, por lo que algunos de los fondos españoles de Ayuda en Acción se han destinado a la construcción de pozos y fuentes en distintas aldeas. Esos pozos han abastecido de agua a docenas de familias, y nos queda el orgullo de saber que esa agua tiene su origen en las aportaciones de los socios españoles. Pese a todos los problemas y carencias de la vida en Malawi, las escuelas que visitamos, los centros de salud, los proyectos económicos, los programas de créditos, los distribuidores alimentarios, etc., son un canto de esperanza. La posibilidad de examinar el destino final de los fondos recolectados entre los españoles nos hace enorgullecemos e intuir que aún existe un futuro. Frente al hambre, la enfermedad, el analfabetismo y la miseria, nuestra solidaridad con el Tercer Mundo no es un esfuerzo inútil. Aún es posible construir un mundo mejor entre todos, y el encomiable trabajo de Ayuda en Acción es un buen ejemplo.
Precarias condiciones sanitarias
Estamos acostumbrados a oír hablar del hambre en el Tercer Mundo. Pero el hecho de que las ayudas alimentarias, los créditos de semillas o los prollectos de pollos permitan nutrirse a muchos niños no disminuye el problema de la miseria en el Tercer Mundo. Uno de los problemas más terribles que nos topamos es el de la salud. En el distrito de Dowa conocemos a una pequeña, de unos seis meses, Chiwondi, enferma de malaria. El único tratamiento médico que recibe son aspirinas. No hay nada más.
Cerca de Liwove nos acercamos al Centro de Salud que dirige el dr. Herman Nknoma y sus siete asistentes. Mensualmente reciben más de 2.000 pacientes con todo tipo de problemas. Su almacén de medicinas, un sencillo armario empotrado, ofrece un panorama desolador; algunas vendas, aspirinas, unos antibióticos... y poco más. Esta carencia de farmacopea ha obligado a los médicos a aceptar la colaboración de los brujos, hechiceros y chamanes que, grandes conocedores de las hierbas medicinales y los remedios naturales, aportan un poco de esperanza en un país donde esta escasea tanto como el agua.
A los problemas infecciosos intrínsecos al clima, malnutrición, la sequía, y al hambre en África ha venido a sumarse el azote del SIDA. Según los aterradores datos de Ayuda en Acción, un 20% de la población urbana de Malawi está infectada. Es decir, estadísticamente todas las familias tendrían, al menos , un miembro seropositivo.
Algunos proyectos como el Centro de SIDA de Pombewa luchan ferozmente contra el contagio. Coordinados por Rita Clongose, un grupo de voluntarios educan a los "jefes tradicionales" en el uso de los preservativos. Después serán esos jefes tradicionales los que informen a los vecinos de las aldeas. Así, con un ingenioso y primitivo sistema piramidal, la información elemental contra el SIDA llega, de boca en boca, a una amplia población. También algunas prostitutas se han acogido a este proyecto, siendo formadas para enseñar a sus compañeras las más elementales precauciones en este sentido. Nos comentaba Rita que uno de sus mayores problemas no era la distribución de profilácticos, sino el enseñar a los aldeanos su utilización, y el evitar que usasen varias veces cada uno.
Sin embargo, algunos estamentos, como el religioso, no se muestran tan comprensivos con los enfermos de SIDA, y en varias poblaciones rurales no se permite que los seropositivos sean enterrados en camposanto, por considerar esta enfermedad como de orígen "diabólico".
La era de Acuario
Mientras en el norte miles, tal vez millones, de hombres blanco acomodados, judeocristianos y "evolucionados" se ascriben al movimiento de la New Age, proclamando la inminente llegada de una nueva era de amor, prosperidad y "espiritualidad", a manos de los "guias espirituales", los "hermanos mayores del espacio", o cualquier otra forma de divinidad... un niño muere de hambre en el mundo cada 3 segundos...
No existe más espiritualidad que la social, por tanto, la Nueva Era será solidaria o no será. Mientras millones de seres humanos, aunque su tez sea oscura, mueran diariamente de hambre, enfermedad o miseria, no habrá sitio en este planeta para los magalomaníacos discursos mesiánicos de quienes se dicen "representantes de los dioses en la Tierra".
Quienes vibran en la sintonía de la New Age, y sienten un ligero escozor en sus corazones al escuchar a los líderes "espirituales" de la Nueva Era hablar de Gaia, de la conciencia planetaria, del amor universal, o de la solidaridad con los más necesitados, sin duda podrán hacer mucho más por esa Nueva Era con un solo acto social, que con cien horas de meditación, mil mensajes psicográficos o un millón de padrenuestros.
El teléfono de Ayuda en Acción es el 91-559 70 70. Llama ahora. Un estómago vacío no puede pensar en Dios.
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