¿Qué ocurriría si los extraterrestres se manifestaran abiertamente?
Imaginemos que un día los extraterrestres deciden entrar en contacto abierto con nuestro planeta.
Desde ese momento, ya nada sería igual. Deberíamos revisar todas las estructuras socioculturales. ¿Avanzaríamos entonces hacia una nueva forma de convivencia cósmica, o por el contrario nuestra civilización se vería abocada a su destrucción? Los estudiosos son más bien pesimistas, pero muchos piensan que ese día llegará. Y tendremos que enfrentarnos a las consecuencias
Una voz profunda, firme, estoica y a la vez terrible, atravesó los transistores
de millones de ciudadanos norteamericanos las noche del 30 de octubre de 1938.
Aquella impactante crónica, entre explosiones y gritos, comunicaba al mundo
entero que el contacto con los extraterrestres se había producido. Pero
aquellos incomprensibles marcianos estaban arrasando todo lo que encontraban a
su paso, reduciendo a escombros ciudades enteras. Una ola de pánico comenzó
a recorrer el país, de norte a sur, de este a oeste. Miles de personas
se lanzaron a las calles gritando auxilio; otros saltaban al vacío desde
los florecientes rascacielos neoyokinos. La vida de muchas personas quedó
sesgada por la locura colectiva. Y sin embargo, todo era una representación
radiofónica del libro La Guerra de los Mundos, interpretada, con
su habitual fiereza, por el entonces joven actor Orson Wells.
Ahora, seis décadas después, seríamos incapaces de responder
a una eterna duda: ¿qué ocurriría si los extraterrestres
entraran en contacto con nosotros? ¿Cómo sería su actitud,
hostil o pacífica? ¿Entraríamos en una nueva era o seríamos
presa de un "atasco" evolutivo que acabaría con nuestra civilización?
Lo cierto es que nueve años después de aquella emisión
los "platillos volantes" comenzaron a aparecer en los mismos cielos
que Orson Wells imaginó cubiertos de agresivos marcianos. A esos objetos,
luego llamados OVNIs, se les atribuyó una paternidad ajena a nuestro
planeta. Y siguieron -y siguen- surcando los cielos, dando pruebas parciales
de su existencia, pero sin manifestarse abiertamente, generando la duda, la
gran duda: ¿entrarán en contacto con nosotros? Y así mismo,
levantando sospechas: ¿responde su extraña actitud a una lento
plan de concienciación de la humanidad para algún día,
quizá lejano, quizá cercano, manifestarse abiertamente?
Jaques Scornoux, un arrepentido ufólogo francés, afirma
que los tripulantes de los OVNIs "presentan pruebas precisas para ganar
la convicción de quienes les estudian detalladamente, pero, sin que estas
pruebas sean suficientes para su reconocimiento universal". Juan
José Benítez, el conocido ufólogo español, sigue
estas mismas líneas directrices afirmando que "estas civilizaciones
quizá estén preparando al mundo para ese lejano pero ineludible
apretón de manos cósmico". Carlos Ortíz de
la Huerta, un investigador mexicano, explica que el objeto de la aparición
masiva de OVNIs en nuestro planeta "es derribar las barreras psicológicas
y culturales, abriendo la mente humana a otras realidades". Ignacio
Darnaude, en un libro nunca publicado, titulado Las razones del no-contacto
extraterrestre, manifiesta que semejante cantidad de apariciones de OVNIs
son parte de "un espectáculo para domesticar la recalcitrante
mente humana, que acabará aceptándolos como un fenómeno
de rutina, algo así como un vasto plan educativo a largo plazo".
Así pues, estos investigadores sospechan que estos seres, a los que
presumimos una inteligencia superior y avanzados conocimientos, saben cuáles
serían las repercusiones culturales y sociales que un contacto brusco
podría causar en la humanidad. ¿No estamos, por lo tanto, preparados
para ese día del contacto? Así piensan algunos estudiosos, quienes
sospechan que ese "apretón de manos cósmico"
necesitaría de una fase previa en donde ese lazo terrestres-extraterrestres
se estaría administrando en pequeñas dosis, con el único
fin de evitar esas nefastas consecuencias que dicho contacto podrá tener,
por buenas que fueran las intenciones de los tripulantes de los OVNIs.
Ya en 1928 Konstantin Tsiolkovsky, uno de los padres de la astronáutica,
afirmó que la humanidad "tiene una visión miope, nos creemos
que los humanos somos los únicos seres inteligentes". Probablemente
por ello, afirma el científico, "la humanidad no está
preparada todavía para el encuentro con seres extraterrestres, debido
al actual desarrollo de los habitantes del planeta". Pero, casi setenta
años después, las cosas han cambiado, al menos aparentemente.
En parte, gracias a la presencia en los cielos de objetos no identificado. Pero
insisto, ¿seguimos sin estar preparados? ¿Por qué no se
ha producido este contacto?
Las razones del no-contacto
Aimé Michel, uno de los más destacados pensadores del fenómeno
OVNI pensaba que "la ausencia de contacto es uno de los elementos de
magno festival de absurdo extraterrestre y el problema número uno que
nos plantea el fenómeno". Otro filósofo de la ufología,
el sevillano Ignacio Darnaude, escribió hace unos años una densa
obra titulada Las razones del no-contacto extraterrestre. En su libro,
que nunca vio la luz, analiza una por una las razones por las cuales estos seres
no entran en contacto con nosotros. Unas razones que serían las que tendrían
los extraterrestres. Explica que el primer motivo es "obstaculizar nuestra
autodestrucción", ya que el nuevo saber que aparecería
tras el día de contacto "se aplicaría con seguridad a
fines bélicos; las naciones se atacarían mutuamente con sus flamantes
superbombas, y nuestra raza adámica habría acabado".
Así mismo, sugiere Darnaude, los extraterrestres evitarían un
colapso cultural y la atrofia mental de nuestra civilización. Aimé
Michel, en busca de una respuesta al no-contacto, llegó a escribir en
su libro Los misteriosos platillos volantes (Pomaire, 1963) que "el
contacto entre razas de diferentes orígenes biológicos es imposible.
Los insectos perciben el contacto con un naturalista, pero sólo a su
nivel, y no están capacitados para participar en un voluntario feedback
de información". Jaques Scornoux y C. Piens, en su obra
A la búsqueda de los OVNIs, se plantea la probabilidad de que
los extraterrestres no sean más que científicos interesados en
el asombroso desarrollo técnico de la humanidad desde las guerras mundiales,
lo que explicaría su masiva presencia en nuestros cielos, "justificando
de forma excelente la ausencia de contacto". Antonio Ribera,
el veterano investigador español, es -quizá- más práctico,
y con la sutil rotundidad con la que se expresa explica que "las razones
del no-contacto, si alguna vez se saben, pueden ser tan imprevistas, tan sorprendentes,
que ahora nos resulten inimaginables".
Más atrevidos son otros investigadores que piensan que la humanidad
sufre algo similar a una "cuarentena cósmica". Según
esta tesis, los extraterrestres nos crearon y guiaron hasta el momento en que
la humanidad se desvió del "camino adecuado". Y cuando reconduzcamos
nuestra situación, esos dioses de otros mundos volverían a dar
la cara, abandonando las "nubes del engaño" en las que se manifestarían
hoy, de acuerdo a la acertada metáfora de Andreas Faber Kaiser.
Una línea similar fue la marcada por Dante Minazzoli en su obra
¿Por qué los extraterrestres no se manifiestan abiertamente?.
Este investigador argentino analizó la cuestión desde el punto
de vista del materialismo dialéctico, dando por hecho algo que nadie
se atreve a negar: el Universo es un hervidero de vida. Según Minazzoli
"es imposible acceder a la comprensión del fenómeno OVNI
sin analizar la naturaleza contradictoria del mundo en que vivimos: un contraste
evidente y aberrante entre su desarrollo tecnológico y científico
y su atraso social y espiritual, lo que convierte a la Tierra en un lugar poco
recomendable para establecer contacto con los humanos". Sólo
cuando ese desequilibrio desaparezca, podríamos optar al contacto cósmico…
¿Qué pasaría el día D?
Carl Gustav Jung, el legendario científico, se planteó
en sus estudios la posibilidad del contacto definitivo con los extraterrestres.
Y las consecuencias, según su privilegiado pensamiento, serían
nefastas: "Nos arrebatarían las riendas de nuestras manos y encontraríamos
nuestras aspiraciones intelectuales y espirituales tan desfasadas que nos veríamos
paralizados por completo". Y todo ello incluso pensado que no existe
una actitud hostil por parte de los extraterrestres. Los precedentes históricos
son bien evidentes: cuando una civilización entra en contacto con otra
de mayor adelanto técnico, la primera se colapsa, e incluso desaparece,
como ocurrió con las civilizaciones precolombinas tras el descubrimiento
de América. O cómo ocurrió en las primeras décadas
de este siglo, cuando los occidentales llegaron a islas del Indico y del Pacífico,
en las cuales sus habientes jamás habían conocido al hombre moderno.
Sus indígenas consideraron a los aventureros poco menos que dioses, abandonándose
a una sumisión casi infantil a los occidentales, relegando al olvido
su cultura y tradición.
Scornoux es de esta opinión: "surgirían relaciones de
dueño a esclavo, e incluso sin desearlo, la civilización exterior
nos destruiría". Roberto Pinotti, un excelente estudioso
italiano, predice que tras el contacto "llegaría la anomia, una
falta total de reglas que desencadenará la desintegración de la
estructura social". Igual de pesimista es Aimé Michel, para
quien "nuestra sociedad estallaría en mil pedazos, hundiéndose
nuestra cultura, nuestra moral, nuestras religiones… entrando en un caos
del cual ninguna catástrofe histórica podría dar ni siquiera
una idea".
Las citadas serían las consecuencias a medio y a largo plazo, pero las
inmediatas tras el contacto serían tanto o más nefastas. Darnaude
predice un caos absoluto: "La sobreexcitación produciría
disturbios y multitudes huyendo alocadas. Las vías de comunicación
quedarían bloqueadas, y las fuerzas de seguridad impotentes ante la ola
de vandalismo y saqueos; se instauraría la ley marcial, proliferarían
los suicidios y derrumbes emocionales; la oligarquía financiera y las
multinacionales (que perderían su poder y dominio sobre el hombre, su
consumo y costumbres) se aliarían con la mafia… En cualquier caso,
el paroxismo de la violencia y un conflicto total y autodestructivo para la
especie humana". Mal color, por lo tanto, admitiendo incluso que tras
el shock triunfe el contacto, que aparentemente al principio generaría
un estado más social y menos dominado por los anteriores poderes establecidos,
pero que posteriormente sucumbiría como antes he explicado.
También la NASA se ha preguntado cómo serían esas consecuencias.
En un informe de 1959 solicitaba una investigación sociológica
"puesto que las consecuencias de tal descubrimiento serían impredecibles".
Se becó al Instituto Brookings, que llegó a la conclusión
de que "sociedades seguras de su propia situación se han desintegrado
cuando se han enfrentado a una sociedad superior, y otras han sobrevivido gracias
a esos cambios", pero hacen hincapié en que, en nuestra desconcertante
situación actual, ese contacto tendría dramáticas consecuencias.
La USAF, por su parte, realizó en aquellas fechas otro estudio llamado
Lackland Report, en el cual sospechan que el contacto acabará con
los intereses creados, siendo nocivo para el planeta.
¿Alguien evita el Contacto?
Roberto Pinotti piensa que las máximas autoridades planetarias saben
de las consecuencias que tendría ese contacto, e incluso sugiere que
a escala extraoficial podría haberse producido. Para ocultar todo esto,
esos órganos de poder serían los que estarían tras las
campañas de negación de la realidad OVNI.
"El problema es tan dramático -escribe Darnaude- que
se justificaría cualquier acción gubernamental tendente a acallar
a todo trance a los disidentes que pretenden revelar la verdad al mundo. Incluso
se cree que Kennedy fue silenciado con el asesinato para que no contara al mundo
la verdad. Esta operación de desprestigio recurre a procedimientos tan
diversos y expeditivos como para desorientar a la opinión pública,
y así muchos testigos honestos callan. El resultado es el previsto: año
tras año la mayoría de la gente sigue creyendo que los OVNIs son
producto de la imaginación de un puñado de crédulos y desaprensivos".
Darnaude culpa de esa campaña a un "poderío subterráneo"
que se opondría a un contacto abierto, bien porque para esos órganos
de poder el contacto suponga el fin de sus privilegios o bien porque se crean
en la responsabilidad de evitarlo a toda costa a sabiendas de sus dramáticas
consecuencias. Nos obstante, la cultura heliocéntrica que aún
tenemos perdería su sentido; las religiones quedarían en desuso,
siendo necesaria una profunda revisión de dogmas y creencias; la política
quedaría amenazada ante una nueva forma de ver la existencia… Alguien,
desde luego, no saldría beneficiado tras el contacto.
A fin de cuentas, una inteligencia diferente
Scornoux piensa que el hombre se siente "obligado a proyectar sobre
los extraterrestres sus propias acciones". El ufólogo francés
quizá acierta al considerarlo así, ya que nadie puede demostrar
que los parámetros de pensamiento de entidades desarrolladas en otros
planetas sean iguales a los nuestros. Quizá lo comprensible para nosotros
es incomprensible para otras inteligencias.Y el contacto, con un pensamiento
estructurado de forma diferente, no entre en ningún plan. Al menos, según
lo que entendemos nosotros como contacto. "Si han seguido una línea
evolutiva diferente, su inteligencia se ha desarrollado en diferente dirección,
con mecanismos sensoriales diversos y diferentes", argumenta Darnaude
a la hora de justificar el no-contacto.
Esto haría plantearnos que ese contacto se estableciera en una dirección
diferente, inacesible a nuestro sentido y criterio. Aime Michel aboga por la
posibilidad de un "contacto invisible" que se podría -incluso-
haber producido ya, "a otro nivel indiscernible para nosotros".
Su ausencia, por lo tanto, sería sólo aparente.
De momento, sólo podemos especular, porque la magnitud del problema
está lejos de nuestra comprensión. Y el contacto, mientras tanto,
sigue esperándose. A mí, personalmente, me gustaría ver
ese evento, el más importante de la humanidad, en algún momento.
Después de perseguir estos objetos por pueblos, aldeas y ciudades, bosques
y desiertos, creo -y si me apuran, se- que estos seres son medianamente inteligentes.
Tanto como para disfrazar las consecuencias del previsible, según algunos,
nefasto shock.. Ese día, al fin, nuestro futuro estará en el mismo
lugar que nuestro pasado, es decir, en las estrellas.
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