Siglo y medio después del descubrimiento en el Valle de Neander (Alemania)
de los huesos de una especie humana entonces desconocida, los neandertales,
un equipo internacional ha encontrado, en depósitos de escombros próximos
al lugar del seminal hallazgo, nuevos restos óseos que pertenecen al
primer neandertal conocido. Fue en 1865 cuando un grupo de mineros encontró
en ese valle cercano a Dusseldorf una serie de fósiles que pasaron a
la historia como los primeros de un espécimen neandertal. Pero por un
error de identificación, sólo los grandes huesos de ese individuo
fueron conservados. Los demás fueron, inadvertidamente, enterrados en
un depósito de escombros.
Afortunadamente, un equipo dirigido por Ralf W. Schmitz descubrió
en 1997 la localización de esos depósitos y recuperó, para
su análisis, los restos óseos enterrados por error. Los resultados,
publicados hoy por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, son espectaculares.
Por un lado, entre los sesenta nuevos fósiles se han encontrado varios
fragmentos óseos que corresponden a ese primer neandertal descubierto
en 1865. Pero además se han hallado otros restos, que desvelan la presencia
de otros dos individuos en el yacimiento original. Se trata de un adulto y un
niño de la misma especie.
Material genético
La datación con carbono indica que los fósiles recuperados
ahora tienen una antigüedad de 40.000 años, lo que coincide con
las herramientas del Paleolítico Medio y restos de fauna del Pleistoceno
Medio descubiertos en ese lugar. El equipo coordinado por el profesor Schmitz,
de la Universidad de Tubinga, contó con la colaboración de Svante
Paabo, del Instituto Max Planck y uno de los mayores expertos en el
análisis de DNA fósil. Paabo pudo extraer material genético
de los huesos del neandertal adulto ahora descubierto, concretamente
DNA mitocondrial, que sólo se hereda por vía materna. Los resultados
de estas pesquisas revelan que el material genético de ese neandertal
es muy similar al del espécimen descubierto en 1865, aunque presentan
las suficientes diferencias como para afirmar que no eran hijos de una misma
madre. Estos científicos precisan que si los restos hallados en 1997
se hubieran descrito en el siglo XIX, el estudio de la evolución humana
habría avanzado más velozmente.
Reproducido de: Diario
ABC
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