Objetos imposibles que sugieren una tecnología sofisticada en el pasado, leyendas sobre un mundo subterráneo, OVNIs que surgen de las entrañas de un volcán, chamanes y curanderos nahuales, y unos extraños petroglifos que se esconden a la vista de los extranjeros por los nativos y que hemos podido fotografiar en exclusiva. Un viaje hasta las entrañas de Nicaragua para conocer "La Isla del Fin del Mundo"...
"Los coches no podrán pasar. Imposible. Ni siquiera los 4 X 4 pueden
subir por esos montes. Sólo se puede ir a caballo, y hasta cierto punto.
Después hay que seguir a pie". Nuestro guía había
sido muy claro, si queríamos ver aquellos grabados prehistóricos,
ocultos por los nativos a casi todo ojo extranjero, deberíamos alquilar
caballos o prepararnos para una larga caminata. No es difícil alquilar
caballos en la isla. De hecho es el medio de locomoción más habitual,
y a lo largo de aquel viaje por distintos países centroamericanos, siguiendo
la huella de "los dioses", tendríamos que hacer uso de ese "transporte"
en varias ocasiones. Cuando, horas después, nos adentrábamos por
los espesos bosques de la hacienda "El Porvenir", en las faldas del
volcán Maderas, entenderíamos las advertencias de nuestro guía,
el acceso a los grabados es difícil, y absolutamente imposible sin un guía
experto. Entre la frondosa vegetación nos observaban los ojos de las estrafalarias
iguanas y los pintorescos armadillos, por no hablar de las temibles boas que se
arrastraban entre los arbustos, o los gigantescos toros que nos encontramos de
repente entre los arboles.
A pesar de ello, ni siguiera la espesa vegetación, los intrincados caminos,
y los espesos bosques de la isla, han podido proteger este tesoro arqueológico,
y en los últimos años algunas de estas misteriosas piedras grabadas
hace siglos han sido robadas encontrándose en la actualidad en paradero
desconocido. Tal vez por esa razón los isleños han optado por
ocultar la mayoría de los petroglifos a la vista de los curiosos. Y cuando
terminamos de tomar medidas, copiar y fotografiar todos los grabados de extrañas
criaturas y "dioses", esculpidos por manos desconocidas hace siglos,
nuestro guía iba cubriendo con hojas y ramas las piedras grabadas. Solo
alguien que, como él, había nacido y vivido en aquellos bosques
toda su vida, podría volver a ubicar la situación de cada petroglifo,
fijada a fuego en su memoria. Y así, tal vez podrán evitar que
los ladrones de antigüedades continúen mutilando aquellas huellas
de nuestra historia, que tal vez escondan aún alguna pista sobre "los
dioses" del pasado. Pero los petroglifos son solo uno de los misterios
de Ometepe, "La Isla del Fin del Mundo"... otros enigmas fascinantes
nos aguardaban todavía entre aquellos volcanes que nos flanqueaban a
diestra y siniestra....
Una isla en un mar dulce
La isla de Ometepe es la isla más grande del mundo dentro de un lago
de agua dulce; el lago Cocibolca, en pleno centro de Nicaragua. Su historia
es nebulosa, y se desconoce desde cuando esta poblada, ya que en zonas como
Pulman, se han encontrado incluso restos de mamuts, lo que nos da una idea aproximada
de la antigüedad de esta isla. Su extensión es de 276 Km2, con unos
35.000 habitantes, descendientes de los Toltecas, Mayas, Aztecas, Nahuales,
Olmecas, Chibchas, Tiwanacos, y demás pueblos indígenas que han
poblado la isla hasta que, el 21 de Enero de 1522 el explorador español
Don Gil González Dávila "descubre" en el "Mar
dulce" esta isla, tomando posesión de la misma, en nombre de sus
Majestad, el 12 de abril de 1523.
Para poder explorar ese "Mar Dulce", denominado así por el
colosal tamaño del lago, y la isla de Ometepe, Francisco Hernández
hizo traer un bergantín desde el océano Pacífico hasta
el lago Cocibolca atravesando la selva ¡a hombros de esclavos indios!.
Al llegar a la isla los colonizadores españoles, los indios que la habitaban
se vieron obligados a huir a lo alto de los dos volcanes, el Concepción
(en activo) y el Madera, que flanquean Ometepe. En su huida dejaron atrás
aquellos antiquísimos petroglifos, que siglos atrás sus antepasados
habían grabado inspirados en sabe Dios que misteriosos "dioses".
Y si los nativos escaparon a las cumbres de aquellos dos volcanes, tal vez
no fue sólo por razones estratégicas, sino porque el Concepción
y el Maderas habían sido considerados durante generaciones el hogar de
los Dioses... un dato este sobre el que regresaremos más adelante.
Desde tiempos remotos el volcán Maderas era un lugar sagrado conocido
como Coatlán o, "Lugar del Sol"o "Lugar donde vive
el Sol", mientras que el Concepción era denominado antiguamente
Choncoteciguatepe o "Hermano de la Luna". En las faldas de
ambos volcanes se realizaron todo tipo de rituales mágicos desde los
tiempos más remotos. En esos bosques de Río Tichaná y del
Río Buen Suceso, y en Las Cuchillas, El Corozal Viejo, Altagracia, la
Sabana y otros enclaves mágicos, los aborígenes de Ometepe mantenían
una religión politeísta.
Sus calendarios, que descubrimos ingeniosamente grabados en algunos petroglifos,
contaba con 18 meses de 20 días, sumando años de 360 días.
Cada 52 años, según su creencia, se producía una crisis
cósmica, por lo que acostumbraban a almacenar alimentos y agua a la espera
de esos altercados cósmicos con los que los eclipses, que conocían
bien, estaban relacionados. Y lo cierto es que las continuas invasiones, de
distintas tribus indias; aztecas, olmecas, mayas, nahuales, etc, a la isla,
de alguna manera eran "catástrofes" para los invadidos...
Calendarios que acompañan la vida diaria de los nativos, y su "vida
cósmica", ya que los aborígenes de Ometepe ya incluían
el concepto del alma (Yulio) en sus creencias, así como la vida en el
mas allá e incluso una forma de reencarnación.
Su rico panteón estaba repleto de dioses: Xochipilli, diosa de
la alegría; Catligüe, diosa de la fertilidad; Mixcoat,
dios del comercio; Ecatl, dios del aire; Migtanteot, dios de la
muerte; Tlaloc, dios de la Lluvia, etc, que solían representar
en ídolos de piedra o cerámica, a los que siempre colocaban las
fauces de un jaguar, animal sagrado amo de la Tierra. Los dioses, según
la tradición, se alimentaban de sangre humana, y vivían en las
regiones donde sale el Sol. Y la verdad es que no pudimos evitar un extraño
escalofrío al descubrir, en las faldas del Madera un antiquísimo
petroglifo que representa al inquietante Miganteot, dios de la muerte; un ser
de cabeza redonda y grandes ojos, testigos de quien sabe cuantos sacrificios
humanos en su honra...
Representaciones de los dioses se encuentran también en grandes estatuas
desperdigadas en por toda la isla. En ellas apreciamos a Xochipilli, diosa de
la Alegría; Tescatlipoca, dios del Mal, etc, tocados con unos
sugerentes cascos que, sin duda, harían las delicias de Erich von
Daniken. Esos monumentos, no obstante, son muy posteriores a los grabados
petroglíficos.
Estos petroglifos, que según las dataciones científicas elaboradas
por los arqueólogos se sitúan en torno al año 300 después
de Jesucristo, se encuentran además en San Marcos, Altagracia, en La
Palma, El Porvenir, Las Cuchillas, Punta Gorda, Corozal Viejo, Socorro, Mérida,
La Tijereta, etc, y lo que es más importante, en el interior de parcelas
y haciendas privadas, como la Parcela San Ildefolso (en la Hacienda San Antonio),
la Hacienda La Primavera o la Hacienda el Porvenir, propiedad de la familia
de los Bolaños (emparentados con el vicepresidente de Nicaragua), que
amablemente nos permitieron medir, estudiar y fotografiar los grabados de su
propiedad, presentan además imágenes muy sugerentes, por ejemplo,
extraños animales no conocidos en la isla, lo que supone un nuevo enigma
en torno a cual fue la fuente de inspiración de los artistas.
Para estudiosos, como Manuel Hamilton Silva Monje, "por medio
de estos petroglifos inferimos que nuestros abuelos Chorotegas y Niquinianos,
ya tenían un alto grado de organización y avance cultural muy
elevado".
Sin embargo, no podemos pasar por algo uno de esos grabados en concreto. Se
trata de un conjunto de dos espirales unidas entre si. El grabado, en si mismo,
probablemente no nos llamaría la atención en ninguna otra parte
del mundo, pero tras mostrárnoslo, nuestro guía dirigió
nuestra atención hacia un monumento que reproduce una maqueta de la isla,
ubicado en Moyogalpa, al sudoeste de la isla. Al comparar ambos, petroglifo
y maqueta, se debe reconocer una cierta –y probablemente casual- similitud.
Los campesinos llaman a ese petroglifo "el mapa", por considerar que
se trata de una vista de la isla de Ometepe desde el aire. Evidentemente no
se han parado a pensar en que hace 1700 años no era posible sobrevolar
la isla para hacer un mapa de la misma desde el aire... ¿o si?
Objetos imposibles
Acudimos a Altagracia para visitar el Museo Arqueológico de Ometepe,
y allí nos esperaba Maira Gómes, responsable de las instalaciones.
Nuestro principal interés era poder ver, por nosotros mismos, uno de
esos extraños "objetos imposibles" de nuestro pasado, que parecen
sugerir unos conocimientos tecnológicos en los antiguos, difícilmente
coherentes con su supuesta "cultura primitiva".
Y si en Bagdad se descubrieron "pilas eléctricas", en Sakkara
un "aeroplano de madera", en Belice un "cráneo de cristal"
y en Antikitera una "maquina de relojería", todos ellos con
siglos de antigüedad, en la región de San José del Sur –en
la "Isla del Fin del Mundo"- se descubrió durante una
excavación arqueológica, un artefacto no menos extraño...
"Nosotros lo hemos catalogado –explica Maira Gómes,
en exclusiva para AÑO/CERO- como "utensilio óptico para
observación astronómica".
Se trata de un objeto de unos 25 centímetros de diámetro, con
forma de lenteja, del que sobresalen dos tubos cilíndricos de unos 10
centímetros de largo por 3 de ancho, sobre los que se colocaban los ojos.
Por el otro lado el cuerpo de esos "prismáticos primitivos",
presenta varios orificios preparados para facilitar la observación de
los astros, así como para predecir el tiempo.
Lo más insólito es que, según los informes arqueológicos,
esos "prismáticos astronómicos" están construidos
entre el 450 y el 500 después de Cristo. ¿En que podrían
haberse inspirado los antiguos aborígenes de la isla de Ometepe para
idear este ingenio óptico?
Precisamente en la zona donde se descubrió este artefacto, San José
del Sur, en el otro extremo de la isla, nos encontramos leyendas y mitos extremadamente
sugerentes. En el colmo de la audacia, la imaginería popular ha llegado
a fabular una relación entre la isla y el mismísimo Jesucristo.
De hecho, el arte rural ha llegado a plasmar en algunas obras pictóricas
el nacimiento de Cristo con los volcanes Maderas y Concepción de fondo,
y con una resplandeciente Estrella de Belén luciendo sobre ambos. Y es
que extrañas "estrellas" y objetos luminosos de todo tipo han
sido vistos sobre la isla y, lo que es más desconcertante, entrando y
saliendo de ella.
OVNIs y un mundo subterráneo
No se trata solo de avistamientos de OVNIs y luces más o menos extrañas
cruzando los cielos. En los testimonios que la revista AÑO/CERO pudo
recopilar entre los lugareños, testimonios que nunca antes habían
trascendido sus fronteras, destacan casos extremadamente sugerentes.
Algunos de esos testimonios hacen referencia a misteriosas esferas luminosas
"como la luna llena", entrando y saliendo de las enigmáticas
lagunas de la isla. Esas lagunas, están rodeadas de todo tipo de leyendas.
Pero, al margen de la leyenda, lo cierto es que sorprendentes avistamientos
OVNI se han producido en algunas de ellas.
Una de las lagunas más sugerentes se encuentra en la cima del volcán
Maderas, de 1394 metros de altura. En el interior de este volcán, extinguido
hace años, se formó una cuenca de 800 metros de contorno, y de
profundidad desconocida, que fue descubierta por Casimiro Murillo, el
15 de abril de 1930, tras escalar el Maderas, Coatlán en lengua nahualt,
hasta su cumbre. Pues bien, un sábado, en pleno verano, se produjo un
insólito acontecimiento en esa laguna.
Eran aproximadamente las ocho y media de la tarde cuando, desde toda la isla
pudo observarse un gran resplandor. Podemos imaginar el terror que embargaría
a los habitantes de una isla volcánica al observar como en plena noche
se produce un gran resplandor en la cumbre de uno de los volcanes. Uno de esos
volcanes, el Concepción, tuvo su última y violenta erupción
en 1957, y los mayores de la isla todavía recuerdan aquella noche de
fuego y muerte en la isla. Afortunadamente el resplandor que salía del
volcán Maderas no era anuncio de un movimiento sísmico, si no
de algo extraño.
Eduardo Emilio Gómez, uno de los testigos entrevistado por AÑO/CERO
observó el incidente desde la población de Moyogalpa: "Después
del resplandor –explica Eduardo a AÑO/CERO en exclusiva- vimos
salir una esfera de luz blanca, muy grande, enorme, del interior del volcán.
Empezó a subir, y subir, sin hacer ruido, hasta que se perdió
entre las nubes....". Recordamos entonces que desde tiempos inmemoriales
aquellos volcanes habían sido considerados morada de los dioses. De hecho
el nombre nahualt de el Maderas, Coatlán, significa literalmente
"lugar del sol" o "Lugar donde vive el Sol". ¿Qué
tipo de "sol" vive en ese volcán?.
Aquella misteriosa esfera, que surgió de la laguna del Coatlán,
y el resplandor que la precedió, fueron observados desde prácticamente
toda la isla. A la mañana siguiente un grupo de campesinos audaces treparon
hasta la cima del Maderas para investigar, pero no encontraron ningún
pista que pudiese identificar la naturaleza de aquel extraño objeto que,
en el silencio más absoluto, había surgido de las entrañas
de la laguna volcánica. Sin embargo, y como era de esperar, algunos campesinos
supersticiosos susurraron un nombre... "esto es cosa de Chico Largo...".
Y es que en "La Isla del Fin del Mundo" existe además
una particularísima tradición ancestral que habla de una especie
de mundo interno, o mundo subterráneo, oculto en otra enigmática
laguna ometepeña: la Laguna Verde, sin duda el enclave más mágico
de la isla.
Precisamente en la zona de San Juan del Sur, donde fueron descubiertos los
extraños "prismáticos para observación astronómica",
entre Sacramento y Los Ramos, y justo frente al islote del Quiste, se encuentra
la Laguna Verde.
La Laguna Verde tiene forma ovalada, de 300 metros de largo –de Oeste
a Este- y 200 metros de Norte a Sur. Sus bordes están cubiertos de árboles
de guabo, cocojonches, tulares, caballero blanco, conene, etc, y sobretodo,
esta poblada de algas en abundancia, y eso es lo que le da su aspecto misterioso
y su nombre, a causa del color que le da esa abundante vegetación. Sin
embargo, el temor que suscita entre los nativos la Laguna Verde no se debe a
su aspecto, a su frondosa vegetación, ni a ser un criadero de tortugas,
cuajipales, anguílas, o cormoranes sino a la leyenda de su secreto: la
ciudad subterránea de El Encanto..
Dice la tradición que durante el periodo colonial vivió en aquella
zona Francisco Rodríguez, más conocido como Chico Largo,
un joven alto, flaco, fuerte, de ojos negros, cabellos lacios, nariz afilada,
labios finos, que vestía cotona de manta, sombrero de palma y caites.
Gustaba de pasear a caballo por la noche, y jamás se le conocio relación
con mujer alguna, lo que acrecentaba el misterio en torno a él.. Chico
Largo era un chamán muy poderoso, descendiente de los brujos indígenas
más sabios, que tuvieron que irse de Rivas al llegar los colonizadores
españoles encabezados por Gil González Dávila, y cuyos
descendientes viven aun en la isla. Al parecer Chico Largo poseía increíbles
poderes sobrenaturales y a el acudían tanto nativos como colonos en busca
de sus favores mágicos.
Cuando alguien hacía un pacto con Chico Largo, para obtener dinero,
poder, salud o prosperidad, el brujo utilizaba sus artes mágicas para
lograr lo pedido, pero, si una vez obtenido el favor, no respetan su pacto con
Chico Largo, este los conducía a un extraño lugar, una especie
de ciudad subterránea ubicada en torno a la Laguna Verde, llamada por
los lugareños "El Encanto".
Lo verdaderamente insólito es que algunos cazadores, que se han perdido
en la zona mientras seguían frenéticamente a su presa entre los
bosques de la Laguna Verde, aseguran haber llegado a ese lugar llamado "El
Encanto".
En aquella ciudad los traidores al pacto, según la leyenda, eran convertidos
en animales y esclavizados. Lo curioso es que la leyenda de los hombres convertidos
en animales se mantiene hasta nuestros días, y algunos carniceros de
Ometepe juran haber descubierto, en algunos novillos y vacas sacrificadas, dientes
de oro, lo que mantiene la leyenda.
Sin embargo, quizás lo más curioso de esta historia es que todavía
en la actualidad se producen extraños fenómenos, o encuentros
con misteriosas entidades en la isla, que son interpretados por los nativos
como obra de Chico Largo, reforzando así el mito.
Por ejemplo, cuando triunfó la Revolución Sandinista –cuenta
Manuel Hamilton Silva- se construyó una fortaleza en la que mantenían
un piquete. Una noche, mientras uno de los vigías hacía su guardia
vio venir hacia el acuartelamiento, de frente, un bulto negro. El vigilante
le dio el alto pidiendo que se identificas, a medida que aquel bulto se acercaba
cada vez más y adoptaba ya una forma antropomorfa de gran tamaño.
Al proseguir su acercamiento sin identificarse, el soldado amartilló
el arma, pidiéndole a aquel ser que se detuviese. Ante el caso omiso
que hacia, abrió fuego, descargando todas las balas de su fusil AK sobre
él, pero no pudiendo detener su marcha. El ser llegó hasta el
soldado arrebatándole el arma y golpeándolo. Se armó un
caos en la fortaleza y todo el contingente militar se dio a la huida. Para los
nativos aquel ser era Chico Largo que, desde la ciudad subterránea de
El Encanto, en la Laguna Verde, continúa protegiendo la isla.
La leyenda es mantenida viva, sobretodo, por los descendientes de aquellos
médicos tradicionales, brujos y sabios, que dominaban la isla antes de
la llegada de los españoles.
Se trata de los herederos de un conocimiento ancestral trasmitido de padres
a hijos oralmente, y que en otros puntos del continente ya ha sido excesivamente
contaminado por la cultura europea. En Ometepe, sin embargo, aún existen
curanderos que conocen los secretos de las hierbas y raíces del bosque,
capaces de curar todo tipo de dolencias con esa forma de conocimiento médico.
El origen de esos conocimientos, como el origen de sus leyendas sobre El Encanto,
el origen de sus extraños petroglifos, o de esos insólitos objetos
imposibles continua siendo un enigma.
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