Sectas ocultistas, grupos esotéricos, políticos ambiciosos, colectivos
nazis... Todos quieren heredar el Bastón de Mando, un tesoro arqueológico
de los nativos indios de Argentina supuestamente dotado de maravillosos poderes.
Su propietario, un hombre convencido de que el bastón servía de
"antena" para entrar en contacto con seres de otras dimensiones, ha
fallecido recientemente y el objeto busca nuevo dueño. Mundo Misterioso
estuvo en Córdoba (Argentina) para reconstruir la historia y conocer
las leyendas de este objeto casi tan legendario como el Santo Grial.
Habían transcurrido muchos años desde la última vez que
habíamos acariciado aquella pieza. Su actual depositario, tras el fallecimiento
de quien durante décadas fue su misterioso dueño, la acababa de
desenterrar de su "escondite" poco antes de nuestra llegada a Argentina.
Aún se percibía su olor a tierra cuando tomamos de nuevo entre
nuestras manos el ansiado fetiche esotérico. Paradójicamente,
tras algunos años de "servicio", el singular Bastón
de Mando había vuelto al único hogar que conoció durante
siglos: las entrañas de la tierra, en donde había permanecido
oculto desde que sus depositarios, los indios comechingones, lo enterraron para
que no cayese en manos de los devastadores conquistadores españoles.
Sin embargo, según lo previsto por su actual propietario, en el año
2001 el sorprendente Bastón de Mando, supuestamente llamado a cumplir
una función mesiánica en el nuevo milenio, podrá salir
de Argentina -y quizás de América- para siempre...
Mil años de leyendas
Juan
José Benítez, tras haber recorrido el planeta investigando
todo tipo de hechos y objetos insólitos, escogió precisamente
el Bastón de Mando como uno de sus misterios predilectos en su
obra Mis enigmas favoritos (Plaza & Janés). Según explica
el escritor navarro, tras analizar algunas obras clásicas como la ópera
Parsifal o La Montaña del Sol, llegó a la conclusión
de que existe una tradición esotérica según la cual el
mítico escudero del no menos legendario sir Lancelot, y al igual
que él una expedición de caballeros templarios, habrían
cruzado el Atlántico mucho antes que Colón transportando
hasta el Nuevo Mundo, y más concretamente a Argentum (¿Argentina?),
una serie de objetos sagrados. Entre ellos se encontraba el Santo Grial, que
debía ser depositado junto con otro objeto de poder: "nuestro"
Bastón de Mando.
A partir de ese momento, sugiere Benítez, el Bastón de Mando,
conocido también como "Piedra que Habla", "Piedra Imán"
o "Piedra de la Sabiduría", se convertiría en una pieza
tan deseada como el Grial y buscada por hombres de ciencia, aventureros, místicos
e incluso expedicionarios militares. Sobre el objeto ya habla Roger Bacon
en una obra publicada en 1230. Asegura el célebre filósofo y esoterista
inglés que el Libro Sagrado y la Piedra de la Sabiduría
-¿el Bastón de Mando?- se encuentran escondidos en una cordillera
de un lejano y silencioso territorio ubicado en el extremo meridional del Hemisferio
Sur. En 1830, un ambicioso jefe araucano -conocedor de las leyendas de las tribus
que habitaban el norte y el centro de la Argentina- decidió penetrar
con sus guerreros en las sierras de la Ventana, Tandil, Balcarse, Pillahuincó
y San Luis, llegando incluso a la ciudad de Córdoba en busca de "la
Piedra que Habla y dominará el mundo...".
Las leyendas sobre las propiedades mesiánicas del Bastón de
Mando hicieron que, entre 1920 y 1940, sucesivas expediciones inglesas,
alemanas, indias, japonesas y francesas se lanzasen a la caza y captura de la
Piedra de la Sabiduría. Incluso las SS de Adolf Hitler protagonizaron
alguna de esas expediciones, asesorados por los astrólogos y videntes
del III Reich que consideraban el Bastón de Mando como una pieza fundamental
para culminar las ansias mesiánicas del Fhürer. Pero los
nazis, al igual que el resto de buscadores, fracasaron...
Un bastón para Ulises
Quien tuvo más suerte fue Orfelio Ulises, un hombre que entró
en la historia esotérica de Argentina en 1934. Había permanecido
ocho años en el Tíbet, en donde de los labios de los lamas y de
los "maestros de Shambhala" escuchó hablar, por primera
vez, de la Piedra de la Sabiduría. Años después,
ya de regreso en Argentina, desenterraría el mítico Bastón
de Mando del escondite en el cual había permanecido oculto durante
siglos: el cerro Uritorco de Capilla del Monte (Córdoba, Argentina).
Apareció junto a otros dos objetos, una piedra circular parecida a un
moledor y un tercero que el descubridor quiso que quedara enterrado allí...
Por alguna razón, Orfelio Ulises consideró que el depositario
de aquella singular pieza arqueológica, arrancada de las entrañas
de la mítica montaña, debía ser un no menos insólito
personaje: el Dr. Guillermo Alfredo Terrera. Este hombre, profesor en
Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Córdoba desde 1954,
académico abierto y de mentalidad renacentista, terminó convirtiéndose
en punto de referencia del esoterismo argentino. Versado en mil disciplinas
y autor de numerosas obras fue el custodio del Bastón de Mando hasta
el día de su muerte, que le llegó el 19 de noviembre de 1998.
Legado indio
El bastón fue encontrado partido en tres trozos de 43, 40 y 28 centímetros.
Mide en total 1.11 metros de longitud y unos 15 centímetros de diámetro.
Pesa algo más de 4.5 kilogramos, pese a que por su apariencia y por la
sensación que causa al tenerlo entre las manos es de que posee mayor
entidad.
Esculpido en basalto, el pulido de la piedra fue datado en hace más
de 7.000 años, lo que desconcierta notablemente a los historiadores y
arqueólogos. Sin embargo, para Guillermo Terrera no suponía ningún
problema aceptar esa datación, ya que sin ningún pudor relacionaba
el Bastón de Mando con el origen de los indios comechingones -aborígenes
barbados y de rasgos nórdicos que poblaban la región antes de
la llegada de los españoles- con las leyendas que hablan de las visitas
de dioses extraterrestres en el pasado y con la ciudad subterránea de
Erks, poblada supuestamente por seres de otra dimensión, que según
explica en su libro Antropología metafísica, se encontraría
en las entrañas del Cerro Uritorco. Además, dicho bastón
era una especie de "antena" gracias a la cual, y en el transcurso
de extrañas ceremonias, entraba en contacto con aquellos seres de otros
mundos.
Guillermo Terrera, a quien tuvimos la fortuna de conocer hace ya algunos años,
afirmaba sin temor, en contra de las teorías que ligan la llegada del
Bastón de Mando con los templarios, propone otra hipótesis sobre
el origen de la pieza y asegura que los antiguos comechingones fueron conducidos
por "seres superiores" (¿acaso los aparentes extraterrestres
que retrataron en sus pinturas rupestres?) hasta Argentum (Argentina)
cruzando el estrecho de Bering con el Bastón de Mando entre sus
posesiones.
Las teorías de este peculiar personaje encontraron eco entre diferentes
grupos esotéricos latinoamericanos, muy influenciados -como Terrera,
por cierto- por el hitlerismo esotérico y el tradicionalismo mágico
que tanto influyó en el III Reich. Con su muerte, y como explican el
sociólogo Emilio Zubiría y el periodista Alejandro Ravazzola,
la fascinación del mundillo esotérico argentino por sus sorprendentes
teorías, un peligroso cóctel en el que se mezcla nazismo, nacionalismo
y hermetismo, se hizo todavía mayor.
Todos los grupos de corte esotérico han querido heredar el Bastón
de Mando. Pero según Ravazzola, sólo el grupo Delfos podría
considerarse como continuador de la obra del controvertido ocultista cordobés.
De hecho, según sus investigaciones, dicho colectivo ha realizado numerosas
expediciones tanto en el Uritorco como en la Patagonia siguiendo las pistas
sugeridas por Terrera en sus libros en torno a la ubicación del Santo
Grial en Argentina y la presencia de templarios en aquellas tierras antes, incluso,
del descubrimiento de Colón. Tan arriesgadas propuestas fueron creídas
a pies juntillas por los nazis de la II Guerra Mundial, muchos de los cuales
se refugiaron en Argentina importando su convencimiento a propósito de
la ubicación del insólito objeto. Este último hecho, por
cierto, fue confirmado por el centro Wisssental en América Latina y el
Mossad, que descubrieron la continuidad del hitlerismo esotérico -y ufológico-
en Argentina, hoy representado públicamente por el diplomático
chileno Miguel Serrano, conocido defensor de la teoría que sostienen
que los OVNIs actuales son naves desarrolladas por los ingenieros nazis que
lograron sobrevivir a la II Guerra Mundial y que podrían habitar algunas
ciudades subterráneas como Erks, que se encontraría, como señalábamos,
bajo el cerro Uritorco.
Delfos y su líder, el ingeniero Fernando Fluguerto Martí,
es hoy un colectivo envidiado -y admirado- por los esoteristas argentinos al
haber sido proclamado como heredero no de sólo los conocimientos de Terrara
sino también del preciado Bastón de Mando que hoy muestran orgullosos...
Pero viven engañados...
Los dos bastones
Los hijos de Guillermo Terrera viven al sur de Buenos Aires. Aún recuerdan
con cierto horror las circunstancias que rodearon el entierro de su padre. Nos
explicaron cómo aún estando caliente el cadáver, algunos
de los asistentes al velatorio, que presidía el Bastón de Mando,
se abalanzaron sobre la codiciada pieza "como locos, asegurando ser
los escogidos de los seres superiores para heredarlo", nos asegura
el hijo del hermetista, también llamado Guillermo. El joven, tan
alto y fornido como su padre, forcejeó con ellos para recuperar el bastón,
que para esconderlo acabó enterrándolo en cierto lugar para evitar
un posible robo. Así que no es de extrañar que nos asegurara,
ante nuestra sorpresa, que desconocía quiénes formaban el colectivo
Delfos.
¿Significaba aquello que existían dos bastones, uno en posesión
del citado grupo esotérico y otro custodiado aún por la familia
de Terrera? La respuesta es... ¡Sí! La historia del bastón
falso resulta rocambolesca. Según nos explicó su hijo, Guillermo
Terrara fabricó una réplica del "fetiche" por temor
a perderlo a manos de algunos visitantes de cuyas intenciones no estaba seguro.
La pieza apócrifa no presenta las roturas de la original y su peso es
considerablemente menor. Pero quien no haya sostenido con sus manos ambas piezas
no podría percatarse de la diferencia... Ahora bien, ¿cómo
llegó el bastón falso a manos de los miembros del grupo Delfos?
Según nos comentaron los familiares de Terrera, la segunda esposa del
hermetista, tras el fallecimiento de éste, se distanció de los
hijos del primer matrimonio y no dudó en ceder el bastón falso
al grupo esotérico. Sin embargo, la pieza original, la auténtica,
junto a su base piramidal y su "memoria" de miles de años,
siguen bajo la custodia de la familia de Terrera.
Pero los dueños del verdadero Bastón de Mando no saben
qué hacer con él ni qué uso darle. Y por eso han decidido
poner a la venta el fetiche esotérico, en espera de que quien lo adquiera
sea una persona preparada para continuar la obra de su padre. También
desean que sea alguien poderoso, tanto como los ex presidentes Juan Domingo
Perón o Carlos Menem, este último amigo personal de
Terrera. Y es que ambos quisieron adquirirlo décadas atrás, aunque
fracasaron en su intento porque Terrera no quiso desprenderse del objeto mientras
vivió.
Eso sí: el nuevo dueño tendrá que desembolsar varios millones
de dólares, lo que ha despertado el temor de los investigadores, que
sospechan que el Bastón de Mando puede salir de Argentina. Y esta
posibilidad les irrita: "Se encontró aquí, y aquí
estuvo desde los tiempos de los comechingones, así que adoptaremos todas
las medidas legales precisas para que esa pieza regrese a donde siempre debió
estar: en este lugar en el que ahora nos encontramos", expresó
con contundencia a Mundo Misterioso el investigador argentino Jorge Suárez
a los pies del mítico, misterioso y desconcertante cerro Uritorco.
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