El pasado día 15 de julio, agentes de la Policía Nacional se personaron en una pequeña vivienda de la calle Rueda, en el corazón de Santiago de Compostela. La llamada de su propietario reclamaba la presencia de los agentes, ya que su primo, Daniel L., había comenzado a sangrar inexplicablemente por unas heridas en manos y pies. Según relataron a los agentes tanto el testigo como el protagonista, los "estigmas" habrían surgido espontáneamente y sin explicación. Tras una rápida valoración de la situación por parte de los Policías, se dio parte al servicio de Urgencias de Santiago de Compostela para que Daniel recibiera una rápida atención médica.
Daniel presentaba en ambas palmas de las manos unas heridas muy finas, en forma
de cruz, de unos 3 centímetros y aparentemente simétricas; de
las cuales manaba abundante sangre. En los pies presentaba unas marcas del mismo
tipo, aunque de dimensiones algo mayores.
En un primer momento, tanto los policías como los médicos que
le atendieron, barajaron la posibilidad de las heridas fuesen provocadas por
una lesión provocada por su primo Manuel S.; o incluso una autolesión
del propio protagonista. Y si bien ambos negaron esta posibilidad, las heridas
fueron tratadas sin contemplar ni su origen, ni su naturaleza. Tanto es así,
que los informes médicos, a los que tuvo acceso Mundo Misterioso, no
reflejan ninguno de estos detalles.
Una extraña llamada
Unos días después del suceso, pudimos hablar con el testigo, quien
nos relató los pormenores del caso, en la propia casa donde ocurrieron.
Aquella tarde, Daniel había terminado de jugar un partido de fútbol
y emprendía el regreso a casa. Encendió su teléfono móvil
para comprobar si le habían dejado algún mensaje mientras estuvo
entrenando. No sin asombro, pudo comprobar que había un mensaje de texto
que sentenciaba: "Daniel y Manolo, seréis los siguientes. R.I.P."
. Un segundo mensaje repetía prácticamente las mismas palabras,
y Daniel interpretó estos mensajes como una amenaza hacia él y
a su primo Manuel.
Sensiblemente asustado, Daniel llamó a su primo para notificarle sobre
el contenido de los macabros mensajes. Ambos convinieron en revisar el teléfono
en casa de Manuel, para ver si podían identificar al remitente o, por
lo menos, tratar de comprender lo que estaba ocurriendo. Los mensajes no pudieron
ser localizados, y no había ningún mensajes en los otros teléfonos,
por lo que ambos fueron recuperándose del susto inicial. "Una
media hora después -relató Daniel a Mundo Misterioso- mientras
estabamos revisando un teléfono inalámbrico, vi que caían
gotas de sangre en el suelo. Yo no sentía dolor alguno y le avisé
a Manolo, incluso miré para el techo por si la sangre caía del
techo. Y fue él quien me dijo que me sangraban las manos".
"Al cabo de unos segundos - continúa relatando Daniel -
sentí que me ardían los pies, como cuando vas caminando por
la arena hirviendo. Lo primero que hice fue descalzarme, porque no aguantaba
y al sacarme los calcetines vi que me estaban sangrando los pies".
Rápidamente, Manuel llamó al servicio de Urgencias para que viniera
un ambulancia. "Me dijeron que lo llevara a Urgencias en un taxi
-recuerda Manuel su enfado- no querían mandar una ambulancia, por
eso tuve que llamar a la policía." En el momento en que Daniel
comenzó a sangrar, se encontraba a tan solo un par de metros de la habitación
de su tía, donde un año atrás ocurrieron algunos fenómenos
de tipo poltergeist.
La casa de los espíritus
La casa donde ocurrieron los fenómenos, es una antigua vivienda del casco
viejo de Santiago de Compostela. Años atrás, habían ocurrido
allí algunos sucesos extraños, aunque sus moradores no le dieron
importancia hasta el pasado año. Fue entonces cuando comenzaron a sucederse
algunos fenómenos extraños, mientras la madre de Manuel se encontraba
convaleciente por una lesión cerebral. Algunos cuadros caían inexplicablemente,
e incluso un pesado tríptico de madera "parecía levantarse"
y salir de su soporte, para después caer. Fotografías que "saltaban"
de la mesa, una lámpara que se balanceaba, ráfagas de frío
y un taburete que literalmente "voló" ante la mirada atónita
de los testigos, son algunos de los fenómenos que se sucedieron durante
el verano pasado en esta vivienda compostelana; y que son habituales de la fenomenología
poltergeist.
Los fenómenos dejaron de sucederse, y poco tiempo después falleció
la anciana, y tras ella, una de sus hijas, que también había presenciado
algunos de los misteriosos fenómenos. Y es por ello que la aparición
de los mensajes telefónicos crearon cierta angustia en Manolo y Daniel,
que vieron en los estigmas una continuidad de los extraños fenómenos
que ya creían extinguidos. Pero antes de aventurar cualquier hipótesis,
es necesario tener en cuenta un algo que indefectiblemente va unido al fenómeno
de la estigmatización: la Fe.
Estigmas, reflejos de la Fe
Los grandes estigmatizados de nuestra época, reflejan en su cuerpo las
heridas de la crucifixión de Jesús. Y en todos ellos se da la
constante de que sienten una profunda devoción religiosa. Y el caso de
Daniel, no es una excepción: "Todos los años voy de penitente
en Semana Santa -asegura Daniel- este año llevé una cruz
de cien kilos por mi tía. Desde hace muchos años que estoy vinculado
a eso."
¿Son los estigmas de Daniel una expresión de su fe? ¿O
son una expresión más de un fenómeno poltergeist? ¿Fueron
las "amenazas telefónicas" un detonante? ¿Fue su propia
mente la que produjo los estigmas, o fue "algo" externo? ¿O
todo tiene una explicación más sencilla? En todo caso, las respuestas
no son sencillas.
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