Advertencia: Este artículo puede herir la sensibilidad de los lectores
(espero que de ninguna lectora). Este artículo está dedicado a
todas las mujeres investigadoras, divulgadoras y/o simplemente amantes del mundo
del misterio. Es imposible nombrarlas a todas, pero sí quiero hacer una
mención especial para mis amigas Pili Abeijón y Clara
Tahoces. Gracias por haberos mantenido ahí pese a las dificultades
(y no como otras, o sea, yo):
Hace un par de meses, mi buen amigo y mejor investigador Manuel Carballal,
me pedía que volviese a la actividad periodística enviando algo
para la web de Mundo Misterioso, pues quería "feminizar" una
página plagada de artículos escritos por investigadores (y casi
ninguna investigadora). Mi exceso de trabajo por aquellas fechas impidió
una colaboración inmediata, y mi habitual vagancia para retomar la escritura
dejó que transcurriera el tiempo. Pero como yo adoro las batallas dialécticas,
y sé que este artículo las puede generar, creo que este es el
momento idóneo para hacer la reflexión que prometí a Manuel.
Así que aquí va, espero que haya la suficiente valentía
por parte del equipo de Mundo Misterioso (al que adoro y espero que después
de esto me sigan queriendo igual) como para publicarlo íntegramente en
la red.
Carballal elaboró un acertado artículo sobre las mujeres en la
investigación paranormal, en el que puso en evidencia una realidad sobradamente
conocida por todos/as, pero frecuentemente ignorada. Si yo fuese directora de
una revista paranormal y me encontrase con los datos que plantea Manuel pero
en sentido inverso, se me caería la cara de vergüenza de enfrentarme
con semejante desigualdad, pero en este caso, al ser las mujeres las excluídas
nadie parece rasgarse las vestiduras. Y ahora vendría la gran pregunta
¿por qué el mundo de la investigación de los fenómenos
extraños está tan "masculinizado"? ¿Por qué
las mujeres nos volcamos en todas aquellas cuestiones que suenen a "Nueva
Era", desarrollo personal, videncia, espiritualidad,... y no participamos
activamente en la investigación de presuntos OVNIs estrellados, poltergeist,
sectas, crímenes esotéricos,...?
Responder a estas cuestiones resulta complejo, ya que supone realizar un análisis
histórico y sociocultural y utilizar una categoría de análisis
prácticamente desconocida para las personas vinculadas a este mundillo;
me estoy refiriendo al "género", categoría que explica
la diferencia en el tema que estamos abordando.
Vamos a utilizar el concepto de género, que inmediatamente explicaremos,
tanto para analizar la presencia (o mejor dicho, ausencia) de las mujeres en
la investigación activa del mundo del misterio, como para cuestionar
su papel en lo que se ha denominado "New Age".
Cuando venimos a este mundo nacemos con un sexo determinado que permite diferenciar
dos categorías: macho y hembra. Así pues el sexo es la variable
biológica que nos aporta los caracteres sexuales primarios y permite
identificar y diferenciar sexualmente a la especie humana (bueno, y a otras,
pero ahora nos ocupamos de los seres "más evolucionados" ¿¡?
del planeta). El género, en cambio, es una construcción sociocultural
e histórica que asigna identidades, roles, funciones, normas, pautas
de comportamiento, estéticas,... diferentes a hombres y mujeres en función
de su sexo.
La antropóloga Gayle Rubin (1975) definió el sistema sexo-género
para explicar cómo la dimorfia sexual se normativiza y se instaura un
conjunto de normas sociales que definen las capacidades y comportamientos de
cada género. La interiorización de la identidad de género
se produce desde nuestro nacimiento (desde que a las niñas se les agujerea
las orejas o se las viste de rosa y a los niños se les dice que no lloren
que eso es cosa de niñas) y se transmite a través de la familia,
la escuela, los medios de comunicación, las religiones, el propio entorno
y hábitat en el que nos desarrollamos,...
El proceso de socialización resulta perfecto para construir el estereotipo
tradicional de ser hombre o ser mujer. Así pues, al hombre se le identifica
con lo masculino asociado a la actividad, la independencia, la dominación,
la racionalidad, la cultura, la fuerza, la agresividad, la inteligencia, la
ambición, el deseo sexual, el espacio público... y a la mujer
se la identifica con lo femenino asociado a la pasividad, la dependencia, la
sumisión, la emocionalidad, la naturaleza, la debilidad, la dulzura,
la intuición, el conformismo, la pasividad sexual, el espacio privado...
Esta división histórica y tradicional se encuentra en crisis
en estos momentos, especialmente por la lucha de los movimientos de mujeres
que han cuestionado ese modelo que perpetúa el sistema patriarcal, pero
aunque haya gente que piense que ese modelo tradicional ya está superado,
lo cierto es que se continúa reproduciendo, y si bien, afortunadamente
cada vez resulta más difícil encontrarse con modelos puros que
se ajusten a los estereotipos tradicionales, sí nos seguimos encontrando
con una gran parte de elementos que perviven en la socialización de los
niños y las niñas de estas generaciones.
En la actualidad son las mujeres las que cada vez se rebelan con mayor frecuencia
frente a un modelo y un sistema injusto que no les permite acceder a compartir
todos los espacios de la vida pública y privada con sus compañeros
varones en condiciones de igualdad. Los hombres que tradicionalmente han disfrutado
del poder no critican el modelo porque eso supone un cuestionamiento profundo
de su identidad y un reparto del poder que se niegan a perder. Lógicamente
siempre han sido las clases oprimidas las que han cuestionado el sistema que
las oprime, y en este caso, el sistema patriarcal ha oprimido a las mujeres
históricamente. Pero también el sistema está muy afianzado
y se revuelve siempre que considera que se ataca su estructura. Y eso es lo
que ha ocurrido, entre otras cosas, con la New Age... Aunque no nos adelantemos.
Mujeres investigadoras... ni tantas ni tan pocas... ¿por qué
tan ocultas y poco reconocidas?
No sé si con la somera descripción del sistema sexo-género
ha quedado clara la relación entre cómo somos socializadas las
mujeres y la escasa presencia de estas en la investigación paranormal.
Si a las niñas desde pequeñas se las reduce al espacio privado,
a jugar con cocinitas y muñecas y se las viste como repollos, difícilmente
instaurarán en ellas el espíritu de aventura que acompaña
a los niños que juegan con los "Action-Man", con los juegos
espaciales, con coches,... ¿Y qué caracteriza a los investigadores
de lo paranormal? Pues los aspectos antes citados que configuran el estereotipo
tradicional masculino. ¿O no es cierto que para ser un buen investigador
hay que tener sentido crítico, capacidad de riesgo, aventura, moverse
en los espacios públicos, ser inteligentes...?
En uno de los manuales internos de los Testigos de Jehová puede leerse
"el hombre piensa, la mujer siente". ¿Y a qué
se han visto reducidas la gran mayoría de mujeres en el mundo esotérico?
A sensitivas, las que sienten, las que intuyen, las dulces, las que se ocupan
de los demás... (y no de sí mismas). Hay quien dice que a las
mujeres les fue negado el conocimiento durante tantos siglos que se vieron obligadas
a desarrollar otra forma de sabiduría alternativa: la intuición.
Pero lo cierto es que ni la intuición, ni la inteligencia, ni la fuerza,
ni el sentido del riesgo, ni la fragilidad, ni la dulzura, ni la ternura, ni
la agresividad... tienen sexo. Tanto hombres como mujeres pueden interiorizar
y desarrollar esas capacidades. Todos/as tenemos el potencial de desarrollo
humano que nos puede convertir en PERSONAS: en seres integrales, independientemente
de que seamos mujeres u hombres. Hemos de aprender a deconstruir lo "masculino"
y lo "femenino", hemos de aprender a reconocer y rechazar los estereotipos
de género que impiden el avance de las mujeres y hombres en plenas condiciones
de igualdad.
Y en este contexto, las mujeres que hemos logrado superar los roles tradicionales
y apostar por la investigación y/o divulgación de estos temas
nos encontramos con el mismo "techo de cristal" que encuentran las
mujeres profesionales en otros ámbitos. Infrarrepresentación en
los equipos de redacción de las publicaciones, acceso vedado a puestos
directivos, escasa o nula presencia en Congresos, Jornadas y eventos similares.
Claro que ahora surgirán voces que dirán, bueno, si no están
ahí es porque no quieren o no sirven o no existen...
Pero lo cierto es que existimos, servimos y querer, al menos algunas, estoy
segura que quieren, entonces, ¿qué mecanismo oculto subyace por
debajo para limitar de tal forma la participación de las mujeres en los
espacios donde se decide qué se publica y qué no, qué se
emite y qué no o quién está en un Congreso y quién
no? Pues muy sencillo: el poder sigue en manos masculinas, y las mentes masculinas
aunque exterioricen comportamientos supuestamente progresistas siguen ancladas
en los estereotipos más tradicionales (ya dijimos que cuesta compartir
el poder). Y como para colmo, las medidas de acción positiva le deben
sonar a chino a las empresas privadas que gestionan las publicaciones comerciales
del mundo del misterio, o que dirigen las radios que emiten programas de "nuestros
temas", pues seguimos relegadas a los puestos de "colaboradoras"
y "ayudantes de" (que "eso le va muy bien a las chicas",
y encima los "Señores del Misterio" pueden presumir de chica
mona)... Porque ese es otro tema...
Si hay algo que hemos tenido que soportar estoicamente las mujeres que estamos
vinculadas de alguna forma a este mundillo son las constantes alusiones a nuestros
"atributos físicos", ya que por esa socialización diferencial,
una abrumadora mayoría de hombres mantiene una extraña asociación
entre ellos y nuestra capacidad de trabajo e inteligencia.
Y así, en el mundo paranormal, nos encontramos con diferentes personas
que piensan de las mujeres investigadoras lindezas como estas (todo ello experimentado
de forma directa o indirecta por quien esto escribe):
1) Están quienes que sostienen denodadamente que las mujeres que investigan
el tema OVNI, por ejemplo, tienen que formar un grupito B de investigación
porque si no los señores que forman el grupito A no podrán resistirse
a la tentación y tendrían que satisfacer sus pasiones de forma
poco recomendable para una buena relación de camaradería entre
compañeros/as de investigación.
2) Están quienes van aparentemente de "progres" y que en el
fondo piensan que, en realidad, el último interés de todas las
mujeres interesadas por el mundo del misterio es follarse (perdón por
la expresión, pero es la que me parece más idónea) a los
inocentes y esforzados investigadores que en su vida han tenido un deseo libidinoso,
sino que son las perversas y pérfidas mujeres las que les hacen sucumbir
a sus encantos.
3) Están aquellos que van de "chachis y superguays", es decir,
de igualitarios y solidarios, y a la primera de cambio si llevas un vestido
de tirantes o estás maquillada te espetan con una mirada de cordero degollado
que "así da gusto investigar y no con fulanita, esa investigadora
horrible que tenemos en tal sitio" (de donde sea el investigador de
turno).
4) Están aquellos absolutamente convencidos de que el uso de maquillaje
reduce las neuronas y la capacidad crítica e investigadora de las mujeres
y que cuando vas hecha unos zorros eres "toda una investigadora y una
colega estupenda" y cuando se te ocurre cambiar el vaquero por una
minifalda parece que ya no eres la misma investigadora.
5) Finalmente, están aquellos que parece que sí, que te consideran
una igual, con la misma valía, con la misma capacidad, con las mismas
habilidades y potencialidades, y al final acaban chafándola cuando se
les plantea algún tema espinoso en relación con la igualdad de
sexos. Este es el panorama relacional al que se tienen que enfrentar las mujeres
en la investigación y/o divulgación de misterios, y créanme,
resulta muy duro. Resulta muy duro estar demostrando todo el día que
vales, que eres igual de capaz, que tienes ideas por ti misma, que tu sexo no
te impide realizar las mismas funciones que ellos.
Quizás por eso las mujeres se han visto reducidas al rol que tradicionalmente
nos ha asignado la sociedad: el de "brujas", ejerciendo de videntes,
sanadoras, psíquicas... Aquí no somos cuestionadas, es "nuestro"
papel, aquí no aspiramos a entrar en competencia con los que deciden,
los que investigan las cosas serias.
Y en este contexto, las mujeres se han sentido "cómodas" con
todo el auge de la Nueva Era, parece que estaba adaptada para ellas, parecía
que cuestionaba el sistema pero en el fondo lo reproducía... Un efecto
perverso más de la reacción del patriarcado al cuestionamiento
de sus bases.
La Nueva Era y la falacia de la Nueva Mujer:
El final de los años 60 marcó el inicio de la New Age. Marilyn
Fergunson describe perfectamente el caldo de cultivo que propició
el surgimiento de esos, supuestamente, nuevos paradigmas que preconizaban un
cambio social. Su clásico La conspiración de Acuario fundamentaba
una nueva revolución espiritual.
"Miembros de las clases media y alta sobre todo comenzaron a criticar
las instituciones existentes y a hacer cábalas sobre un nuevo tipo de
sociedad. Fuerzas sociales e históricas poderosas estaban convergiendo
para crear el desequilibrio que precede a toda revolución (...) El descontento
social y la madurez en favor de una nueva orientación se hicieron patentes
en la rapidez con que se asimilaban intereses, valores, conductas, modas y músicas,
surgidos en la contracultura. Oleadas sucesivas de protesta social reflejaban
un escepticismo creciente con respecto a la autoridad, y una mayor sensibilidad
respecto de las contradicciones de la sociedad, como la yuxtaposición
de pobreza y abundancia, de penuria y consumismo". (La conspiración
de Acuario, págs. 139-140)
Sin embargo, la revolución del mayo del 68, el antibelicismo opositor
a la guerra del Vietnam, las luchas por implantar sistemas democráticos
en toda latinoamérica, la transición a la democracia en nuestro
propio país,... todo ello estuvo acompañado de fuertes movimientos
sociales y políticos, de cuestionamiento de un orden social injusto.
Uno de los movimientos clave en esta lucha fue el movimiento de mujeres, el
feminismo. Sin embargo, ese sueño de construir una sociedad mejor se
está convirtiendo en una utopía frustrada. La desarticulación
de los movimientos sociales es una de las herramientas de la nueva espiritualidad.
El crecimiento personal (e intransferible) es la baza perfecta para el desarrollo
del individualismo más brutal. Y esta Nueva Era ha de buscar clientes
potenciales.
La "New Age" tiene un sello "Made in USA" y aunque inicialmente
fue dirigida a la clase media-alta, cada vez más se va generalizando
a todos los estratos sociales. Han descubierto el filón perfecto para
desarticular el tejido social, para vaciar de contenidos sociales y políticos
las reivindicaciones de la ciudadanía y mantener el stablishment
perfecto que interesa al sistema. Ese sistema que permite las dualidades tan
sangrantes que se están dando entre el Norte y el Sur. El mismo sistema
que nos ha imbuido a todos/as en la amenaza terrorista y que lanza cruzadas
asesinas contra personal civil, el mismo sistema que permite un incremento alarmante
de la feminización de la pobreza (de los 1.300 millones de personas pobres
en el mundo el 70% son mujeres según datos de Naciones Unidas), un sistema,
en definitiva, que permite que:
- el 80% de los 25 millones de personas desplazadas y refugiadas a causa de
la guerra sean mujeres y niñas y niños.
- el 80% de las personas analfabetas (900 millones) del mundo sean mujeres.
- 100 millones de mujeres que deberían estar vivas en la actualidad no
lo están debido a la pauta cultural de "preferencia por el hijo
varón".
- más de 100.00 mujeres mueran cada año por abortos clandestinos
al no poder ejercer su derecho a su salud sexual y reproductiva.
- cada año 2 millones de niñas sean mutiladas genitalmente.
- sólo en Asia más de un millón de niñas ejerzan
de manera forzada la prostitución.
- entre 42 y 56 millones de mujeres europeas sufran violencia por parte de sus
parejas masculinas.
- sólo el 10% de la riqueza que circula en el mundo esté en manos
de mujeres.
- las mujeres no accedan a los puestos de decisión política, salvo
en un escaso 10%.
Ante esta realidad, que mejor idea que "enganchar" a las mujeres
a otros temas que no les haga cuestionar su realidad y así evitar que
desarrollen estrategias de transformación.
Esta es una de las razones por las que la New Age se dirige fundamentalmente
a las mujeres. Aparentemente, la igualdad (jurídica, que no real) está
conseguida,... así que, ¿para qué queremos más?
Cuando parecía que estábamos a punto de romper ese "techo
de cristal" surge una avalancha de bibliografía que sugiere que
nuestro intento por alcanzar la igualdad real es la peor desgracia que nos ha
podido suceder a las mujeres. Y son precisamente, determinadas corrientes de
la Nueva Era las que argumentan con más énfasis esta hipótesis;
nunca antes con tanta fuerza las mujeres habíamos sido objeto de literatura
exclusivamente para nosotras. Un sinfín de sonrientes norteamericanas
(tipo Loise L. Hay, Sondra Ray, Marianne Willianson, Maureen
Murdock...) nos recuerdan que las mujeres tenemos que volver a casita, a
ocuparnos de nuestras funciones tradicionales (que para eso estamos) y que una
vida reivindicativa y la búsqueda de nuestra propia identidad nos puede
hacer muy desgraciadas. Puede que sorprenda, ya que se supone que los nuevos
paradigmas de la Nueva Era son muy "liberadores", pero para muestra...
varios botones.
1) "Y así, mujeres que llevaban una vida laboral intensa de
pronto pueden sentir una repentina urgencia por aprender cerámica o cocina,
por la jardinería o por recibir un masaje, o por crear un nido acogedor.
(...) Mujeres que han tenido como meta principal su carrera, posiblemente desean
ahora el matrimonio y la maternidad". (Ser mujer, un viaje heróico
de Maureen Murdock, págs.: 17-18, un libro de cabecera para muchísimas
mujeres vinculadas al mundo alternativo y a la búsqueda espiritual) ¡Toma
mensajitos! Ahora entiendo porqué alguna mujer interesada en lo paranormal
me ha dicho, tras cuestionar el machismo de ciertos energúmenos que pululan
por las redes del ciberespacio, que lo que me hace falta es un buen polvo!!!
(¿sería una sugerencia para explicarme que mi reloj biológico
avanza inexorablemente y que lo que necesito es un retoño que colme mis
supuestas frustraciones o este tipo de lecturas le habrá afectado las
neuronas?). Bueno, más bien es un ejemplo, como tantos otros que me he
encontrado en mi vida, del machismo más retrogrado, encarnado en este
caso en una mujer (no, ser mujer no es garantía de tener conciencia de
género, desgraciadamente, ya que también somos socializadas dentro
del patriarcado).
2) "Olvidamos el papel que hemos venido a interpretar. Hemos perdido
la llave de nuestra propia casa. Vivimos delante de la puerta. El estrés
que produce estar tanto tiempo fuera de casa nos hace daño, incluso nos
mata. No debemos quedarnos fuera; tenemos que encontrar la llave, porque mientras
no lo hagamos, continuaremos ajándonos, y se nos seguirán marchitando
la cara, los pechos, los ovarios y nuestra historia. Estamos cayéndonos
y desmoronándonos." (El valor de lo femenino de Marianne Willianson,
pág. 15) Si este es casi el principio del libro, imagínense el
final.
3) "Las mujeres que han experimentado una herida profunda en la relación
con sus madres, a menudo buscan su curación en la experiencia de lo cotidiano.
Para muchas esto asume la forma de divina cotidianeidad: ver lo sagrado en todos
los actos cotidianos como lavar platos, limpiar el cuarto de baño o trabajar
en el jardín. La mujer se alimenta y se cura arraigándose en lo
cotidiano". (Otra "perla" de Maureen Murdock, obra citada)
Lo curioso es que "lo cotidiano" nunca es ir a trabajar a la oficina,
dirigir una empresa, un banco o ser presidenta de gobierno... Muestras como
estas son "el pan de cada día" dentro de la New Age. Corriente
tan contradictoria como el propio sistema que la ha generado, ya que si bien
tiene algunos planteamientos avanzados y transformadores, puede llegar a caer
en el conservadurismo más recalcitrante dentro de un mismo discurso.
Así nos encontramos que este tipo de libros incluyen críticas
al sistema patriarcal y al mismo tiempo lo legitiman y perpetúan.
Esta Nueva Era viene a sumarse a la "Reacción" que tan acertadamente
planteara Susan Faludi en su libro del mismo título. Es una guerra
no declarada contra las mujeres que se atreven a cuestionar y romper el estereotipo
tradicional. Son continuos los mensajes de vuelta al hogar, de negación
del derecho a un espacio público, a un empleo, en definitiva, al poder.
Cuando las mujeres, que constituimos la mitad de la población, dispongamos
de la mitad del poder económico y político habrá comenzando
realmente una nueva era.
El presente artículo sólo ha pretendido ser un llamado a la
reflexión, de las mujeres y de los hombres. Un cuestionamiento al modelo
en el que estamos socializando a las generaciones futuras y un cuestionamiento
al modo en el que nos estamos relacionando las presentes.
Siempre me ha sorprendido que tocar el tema de la necesaria igualdad de oportunidades,
de derechos, de trato, en definitiva, de ciudadanía, entre hombres y
mujeres despierte tanto rechazo por parte de ciertas personas del "evolucionado
mundo espiritual". Y al rechazo hemos de sumar la ignorancia de la gente
que cuando le hablas de feminismo, perspectiva de género o igualdad,
se te tira a la yugular (metafóricamente hablando, afortunadamente) para
rebatir con argumentos sostenidos en la falta de información y formación
que soy una radical, que el feminismo es lo opuesto al machismo (error comúnmente
aceptado por la mayoría de los/as mortales) y que, poco menos que pretendo
exterminar a los hombres de la faz de la tierra.
Y nada más lejos de mi intención (aunque algunos merezcan el
exterminio -entiéndase Bush, por ejemplo-. Aún así,
ni defiendo la pena de muerte ni me considero belicista. Como feminista creo
en una cultura de paz, como feminista defiendo un mundo más justo y solidario,
en el que mujeres y hombres podamos compartir espacios y tiempos en condiciones
de igualdad, en el que la violencia contra las mujeres se erradique definitivamente
y la pertenencia a mi sexo no sea objeto de discriminación.
Creo que ningún tema mueve tanta irracionalidad y visceralidad como
el que me identifique ideológicamente con esta corriente política
en los espacios habituales del mundo del misterio. Pero también es cierto
que todo aquello que cuestiona nuestras creencias y valores, en definitiva,
aquello que nos hace enfrentarnos con nuestra esencia, con nuestra identidad,
nos revuelve, para bien o para mal. Para mí hay temas que no admiten
posturas intermedias. Y en el caso de la situación de las mujeres en
el mundo (ya sea paranormal o no) la desigualdad es evidente y los mecanismos
para corregirla no pasan por utilizar el poder del pensamiento positivo, ni
por hacer cursos de meditación, fosfenismo o viajes astrales. La espiritualidad
por sí sola no cambia nada, la utopía debe construirse con acciones
concretas (individuales y colectivas) en nuestra vida cotidiana.
Hay una brillante frase de Rebecca West que dice: "nunca he
sido capaz de averiguar exactamente en qué consiste el feminismo; sólo
sé que la gente me llama feminista siempre que expreso sentimientos que
me diferencian de un felpudo". Y en relación al título
de este artículo de opinión, no quiero creer que mis detractores
sean auténticos misóginos, porque eso sería realmente preocupante.
Reconozco que uso el término "misoginia" quizás de forma
demasiado arbitraria para aludir al machismo más común y habitual.
Pero, a fin de cuentas, y como suelen hacer el 99% de las publicaciones comerciales,
lo importante era atraer a su lectura. Si has llegado hasta aquí quiere
decir que lo he conseguido.
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