Casi dos años después de la oleada de caídas de bloques
de hielo sobre la Península, los científicos que entonces aceptaron
el reto y comenzaron a investigar el enigma comienzan a obtener resultados.
Según los primeros datos, el preocupante cambio climático pudo
tener mucho que ver en las caídas de los mal llamados "aerolitos".
Ahora, una comisión internacional pretende resolver el misterio.
-¿Y cómo los llamo?
-Meteoros de hielo? Ese es la denominación más apropiada
-nos respondió el geólogo Jesús Martínez Frías,
el científico que más tiempo y empeño ha puesto en buscar
solución al misterio de los bloques de hielo que cayeron del cielo en
enero de 2000 y que la prensa, para encono de los expertos, bautizó como
"aerolitos"-. Pero lito significa piedra, y los bloques son de hielo.
Ya no presentaba ese semblante serio que le recordaba de la última vez
que le ví, cuando comparecía ante decenas de medios de comunicación
en la sede central del CSIC
(Centro Superior de Investigaciones Científicas) el 21 de enero de 2000.
Entonces se había desatado una vorágine informativa sin precedentes.
Desde comienzos de ese mes, en diferentes puntos del país, se reportó
la caída del cielo de enormes bloques helados de varios kilos. Algunos
habían destrozado capós de automóviles; otros tejados de
talleres y fábricas. Los hubo burdamente fabricados, especialmente cuando
las caídas de los -insisto- mal llamados aerolitos pasaron a convertirse
en cuestión de horas en el tema que más interés y preocupación
despertaba en los medios de comunicación españoles.
Entonces, Jesús Martínez Frías, recientemente nombrado
presidente de la Comisión de la ONU de Ciencia y Tecnología para
el Desarrollo vivía entre el desencanto y el apasionamiento. Él
fue el único científico con coraje para coger carretera y manta
y desplazarse para recoger aquí y allá los meteoros de hielo,
que caían son solución de continuidad. Pero el clima creado impidió,
por precaución, y para permitir a la ciencia seguir su camino, una conversación
en profundidad con él. Intercambiamos más que jugosos mails en
aquellas fechas, pero dejamos una posible entrevista formal para más
adelante. Y la ocasión llegó, afortunadamente, en la mañana
del 29 de agosto pasado: "Hemos avanzado mucho desde enero del pasado
año". Y pasó a explicarmelo?
Enero de 2000: "Fueron las horas más intensas de mi vida"
-De la primera caída me enteré por televisión. Ocurrió
en Tocina (Sevilla) -nos señala el geólogo, refiriéndose
al meteoro de hielo de 1,8 kilos que el día 10 de enero impactó
contra el capó de un coche en marcha-. 'Ahí voy', me dije. Cuando
estaba allí con José Luis Marín, director del Centro
de Servicio Meteorológico de La Cartuja, nos llamaron desde Valencia,
en donde acaba de ocurrir algo similar.
Luego llegaron más y más casos. Y hubo que decir "basta".
El día 17 de enero se registraron treinta caídas de bloques de
hielo. Muchos de ellos apócrifos. Para entonces, Martínez Frías
ya había recogido cerca de 10 kilos de bloques de hielo en diferentes
lugares y las autoridades habían decidido que encabezara una comisión
oficial de urgencia. "Ya no recogimos más e iniciamos la investigación?
de día, de noche y de madrugada; fueron los días más intensos
de mi vida", señala. Se levantaron críticas por parte
de un sector de la prensa y la ciencia. Algunas fueron despiadas, pero el tiempo
acabó por demostrar que los "escépticos" habían
caído en el ridículo cuando afirmaron sin rubor que "todo
ha sido un fraude grosero" (Luis Ruiz de Gopegui, de la NASA)
o que "son aguas fecales de aviones; es más interesante la vida
de Rociíto" (Javier Armentia, director del Planetario
de Pamplona).
Y cuatro días después de que la comisión iniciara sus
pesquisas y análisis, se convocó a los medios de comunicación
para dar a conocer los primeros resultados y las primeras hipótesis de
trabajo, según las cuales los grandes bloques de hielo se habían
formado en la atmósfera como consecuencia de un proceso desconocido.
A los expertos de aquella comisión les enojó la actitud con la
que algunos de sus colegas tomaron el asunto. Es por ello que Frías se
mostraba tan serio ante los periodistas en aquella histórica comparecencia
pública. Hoy, como pudimos comprobar en su despacho del Museo Nacional
de Ciencias Naturales, está más tranquilo y esperanzado en el
desafío legar a buen término en la investigación que le
atrapa desde hace casi dos años, aunque mantiene su apuesta: "Nuestra
hipótesis sigue siendo la misma, aún teniendo en cuenta la escased
de vapor de agua en la estratosfera, pero es la hipótesis más
coherente", aseguró a Mundo Misterioso.
Agosto de 2001: un grupo internacional investiga el enigma
El pasado mes de agosto los aerolitos volvían a la prensa gracias a la
plasmación de un ansiado anhelo: la creación de un grupo intercional
que investigará el enigma de los meteoros de hielo. El colectivo se llamará
"Grupo Intercional de Trabajo para la Investigación de Bloques de
Hielo" (IWGFBI son sus siglas en ingles) y de momento está integrado
por investigadores de siete países, muchos de los cuales se han enfrentado,
en algún momento de su trayectoria profesional, a bloques como los caídos
en España.
Gracias a las investigaciones efectuadas por el equipo de Frías ya se
conoce el "carnet de identidad" de los bloques de hielo. Están
compuestos por agua con las mismas características que el agua de lluvia.
Gracias a los análisis efectuados se ha podido averiguar, por ejemplo,
que el bloque de Chilches se formó a unos nueve kilómetros de
altitud a una temperatura próxima a los -30 ºC. En su extremo opuesto,
el que se orginó más cerca de la superficie fue el "aerolito"
de Alcudia, que se compactó a 2,5 kilómetros de altitud. "Estos
datos los averiguamos gracias al deuterio", me explica Frías
mientras nos muestra en su ordenador el estado actual de las investigaciones.
Algunas hipótesis ya han sido rotundamente descartadas. La que los escépticos
propusieron, según la cual la causa del jaleo había que buscarla
en el famoso "hielo azul", formado con agua congelada procedente de
los residuos de aviones en vuelo, fue la primera: "Organizamos una serie
de reuniones con AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación
Aérea) en donde se nos proporcionaron todos los recorridos de aeronaves
en aquellos días y no coincidían con las caídas. Tampoco
los análisis químicos desvelaron la presencia de ingredientes
propios de este tipo de deshechos? No -concluye rotundo y pausado-,
no se trata de hielo azul."
Los investigadores de la comisión internacional, aun abiertos a otras
hipótesis, están seguros de que los bloques de hielo se forman
en la atmósfera partiendo de determinados elementos o partículas
que sirven de núcleo. Posteriormente, a ese pequeño "cristal
helado" se le van añadiendo gotas de agua que se congelan otorgando
más tamaño a los bloques -"un crecimiento episódico
y en capas"- hasta que finalmente caen.
El mismo investigador es consciente del principal problema que presenta la
hipótesis de trabajo mentada: la escasez de agua en la estratosfera.
Estudios efectuados en la Universidad de Barcelona señalan que a 25 kilómetros
de altitud apenas se detecta un miligramo de agua por kilo de aire. Se puede
decir de otra forma: para que se formaran un bloque de cuatro kilogramos de
hielo se requerirían nada menos que 200 millones de metros cúbicos
de aire. Por eso buscan qué elementos son los que actúan como
nucleantes.
Se barajó -y en realidad fue la primera hipótesis propuesta-
la posibilidad de que se tratara de agua procedente de minicometas, pero la
propuesta ha sido, de momento, aparcada: "No desechamos ninguna hipótesis,
incluso que el agua tuviera procedencia extraterrestre". La hipótesis
levantó una enorme polvareda, contra la que el científico se revela:
"Hubo gente que habló sin saber lo que decía. Nadie ha
muestreado en un laboratorio hielo de un cometa, aunque tenemos datos más
o menos directos de sondas que se han aproximado a cometas. Esos datos no coinciden
con el agua que formó los hielos, pero también es cierto que hablamos
de minicometas, y de acuerdo a Frank, el agua de estos astros es mucho más
parecida a la terrestre."
En propio Louis Frank validó a Mundo Misterioso la posibilidad
de que los meteoros de hielo procedieran de minicometas, que son pequeñas
formaciones heladas de agua cósmica que penetran en la atmósfera
a través de los llamados "agujeros planetarios" y que, de acuerdo
al mentado estudioso de la Universidad de Iowa, dieron origen en el remoto pasado
a los océanos. Sin embargo, Jesús Martínez Frías
ha preferido no apuntar tan lejos, "porque de momento, el trabajo del
grupo internacional es buscar un modelo que nos explique por qué se forman
los bloques y si de verdad esto es preocupante."
"Aerolitos": ¿un aviso del cielo?
Y he aquí el quid de la cuestión. Los expertos, de la mano de
uno de los miembros de la comisión, el meteorólogo Millán
Millán, de reconocido prestigio internacional, han descubierto que
algo realmente inusual ocurrió sobre España en enero de 2000.
Y no me refiero a las caídas de meteoros de hielo, que no serían
más que la consecuencia de esa serie de anomalías que los expertos
han descubierto: "Hemos averiguado que entonces se produjo sobre España
una serie de singularidades atmosféricas muy señaladas? Por
eso queremos averiguar si verdad lo ocurrido es preocupante en el sentido de
que sea un signo de que está gestándose un cambio climático."
Esta nueva perspectiva del enigma de los bloques de hielo es un auténtico
vuelco en la investigación e introduce nuevos elementos de juicio sobre
lo ocurrido en España en aquellas aún cercanas jornadas. En realidad,
si el equipo de Frías camina por la senda adecuada, los aerolitos podrían
representar un icono de alarma respecto al estado de nuestra atmósfera.
-Detectamos que en enero de 2000 se produjo un hundimiento de la tropopausa
de unos cuatro kilómetros.
-Eso es mucho -repliqué.
-¡Es tremendo! Ese hundimiento de su límite de once kilómetros
hasta siete tuvo que tener unas consecuencias atmosféricas terribles.
-¿Como cuáles?
-Movimientos de aire, disminución del ozono y, sobre todo, el calentamiento
de la troposfera y enfríamiento de la estratosfera.
¿Causas? Naturales, y, por supuesto, antropogénicas: acción
humana? perjudicial, dicho sea de paso, para la atmósfera.
Ese cúmulo de circunstancias, que todas juntas se dieron sobre nuestro
país en enero de 2000, son -en opinión de los expertos- las que
de un modo u otro propiciaron la formación y el crecimiento de hielos
en la atmósfera "unido a la fuerte cizalla en los vientos y gran
vorticidad que también detectamos, lo que permitió que se pudieran
mantener mucho tiempo en el aire subiendo y bajando de nivel mientras crecían
de tamaño."
Se ha avanzado mucho en estos casi dos años. Más que en muchas
décadas. Recordemos que el primero en investigar las caídas de
bloques de hielo fue Charles Fort a comienzos del siglo XX, al igual que el
ilustre astrónomo Camile Flamarion, que ya reseñó
caídas de "aerolitos" sobre España en 1828. Los casos
recopilados entonces demuestran que este tipo de eventos son anteriores a la
aeronáutica y que, por tanto, tienen una explicación al margen
de la hipótesis que promulgaron no pocos respecto a que el hielo era
desecho de los aviones.
No obstante, en los últimos tiempos el número de caídas
ha aumento de forma más que considerable. Lo cual no es de extrañar,
máxime teniendo en cuenta que los factores indicativos del cambio climático,
provocado en gran parte por culpa de la incidencia humana en el medioambiente,
propicían las circunstancias que dan lugar a los meteoros de hielo.
Caídas en varios países
Cuando emergió la lluvia de "aerolitos" muchos pensaron que
se trataba de un fenómeno novedoso, sin embargo, un pequeño puñado
de científicos inmunes a las críticas de los más inmovilistas
ya se habían enfrentado al misterio. Dos de ellos, los meteorólogos
y expertos en anomalías atmosféricas Terece Meaden (también
conocido por su aportaciones a la investigación OVNI) y Willian Corliss
ofrecieron en 1977 y 1983 sendos trabajos muy documentados sobre el tema. Ambos
propusieron tesis similares a las que la comisión del CSIC
esgrimió al comienzo de esta larga investigación. La diferencia
es que ahora, y por primera vez, un grupo internacional de científicos
va a enfrentarse de forma decidida para obtener una resolución a un enigma
que hasta hoy residía en los archivos de los estudiosos más heterodoxos.
Y aún siendo un fenómeno registrado ya en los tiempos previos
al desarrollo de la aviación, no deja de ser cierto que en la actualidad
la caída de los bloques de hielo se ha intensificado de forma considerable
-y desde la nueva perspectiva ofrecida por los investigadores- cuan grito de
alarma esgrimido por el cielo.
Muy pocos días después de que se desatara la "aerofiebre"
hispana, decenas de bloques de hielo cayeron sobre Italia. Semanas atrás
había ocurrido lo mismo en Suecia. Dos años antes, el 26 de julio
de 1998 en Rue (Suiza) un bloque de hielo de casi 8 kilogramos habían
impactado contra el suelo ante sesenta testigos.
Remontándonos más en el tiempo nos topamos con dos referencias
fundamentales que nos remiten a las localidades brasileiras de Campinas e Itapira.
Allí, el 11 y 15 de julio de 1997 respectivamente, cayeron dos gigantescos
meteoros de hielo que en el segundo de los casos podría alcanzar los
500 kilogramos. Un investigador de la Universidad Estatal de Campinas, Hilton
S. Pinto, que se ha sumado ya al grupo internacional del trabajo liderado
por Martínez Frías, estudió los bloques, concluyendo que
estaban formados por agua pura.
El dilema al que se enfrentó Pinto fue casi idéntico al que chocó
frontalmente contra la propuesta hispana: ningún mecanismo conocido en
la atmósfera puede originar semejantes tanques helados. Y descartanto
una a una todas las hipótesis de trabajo a Pinto no le quedó ni
una sóla: "Los datos permiten descartar cualquier hipótesis
en el sentido de que los bloques se han formado en la atmósfera, sea
como fenómeno natural, aunque excepcional, o bien sea como fenómeno
artificial". También él valoró, por bella, atractiva
y esperanzadora, la hipótesis cometaria: "La composición
isotópica del Halley es similar a la del agua terrestre."
La NASA entra en escena
Lo dejó ahí, y ahora él, al igual que otros estudiosos,
ha retomado el enigma agregándose al prometedor equipo del IWGFBI, en
donde incluso varios expertos de la NASA
tendrán participación activa. Este giro en la película
de la compleja investigación llegó tras la caída de un
bloque de hielo de dos kilos de peso que perforó el tejado de una casa
en Harbord (Australia) el 6 de marzo de 2001.
"Podría proceder de un cometa", comentó inquieto
el geólogo de la Universidad de Sydney Roger Buick. Y en Estados
Unidos saltaron como un resorte? Quien lo hizo fue Robert Verish,
un científico que había investigado el famoso meteorito marciano
y que ya tenía referencias de lo ocurrido en España gracias a
una lista de correo en internet llamada meteorobs, en donde había manifestado
sus dudas a propósito de la hipótesis planteda por el CSIC.
Pero -y por primera vez en su vida- tenía la oportunidad de involucrarse
en las investigación de los hielos e hizo que la NASA
enviara hasta Australia un refrigerador para recoger los restos. En la actualidad,
el bloque helado está siendo analizado.
La alarma cósmica
Así pues, es indudable que los meteoros del hielo caen cada vez con más
frecuencia. Es lógico, pues como apuntan los investigadores este fenómeno
está ligado a la acción humana, que favorece los síntomas
del cambio climático. Sería, desde esta perspectiva, una "señal"
que nos envían los cielos para advertirnos de que determinadas conductas
humanas están interfiriendo en la salud de nuestra atmósfera,
y la forma que tiene de decírnoslo es "vomitando" bloques de
hielo imposibles, testigos fríos y mudos como los caídos en España
en enero de 2000 y que aún se encuentran en el Instituto del Frío,
conservados a menos de 20 grados bajo cero envueltos en envases de plástico
y protegidos por una doble cámara frigorífica. De vez en cuando,
salen de allí camino de un laboratorio científico para ser "radiografiados"
y transmitirnos su misterio. Y lo que de momento nos han dicho es que el cielo
está herido.
Contrails, el enigma de las estelas químicas
Los análisis efecutados sobre los "aerolitos" han desvelado
la existencia de partículas metálicas en su interior. En un principio,
los investigadores de la Universidad de Valencia que obtuvieron esos datos los
interpretaron como un síntoma de que quizá podían ser la
prueba que demostrara que los bloques de hielo se habían formado en el
fuselaje de aviones. Sin embargo, el equipo del geólogo Jesús
Martínez Frías afinó aquellos datos y sospecha que dichas
partículas pueden proceder de las estelas químicas que dejan los
aviones, los llamados contrails.
Dos son, entre otros, los retos a los que se enfrenta el grupo internacional
de expertos que estudia el misterio de los meteoros de hielo: buscar elementos
nucleantes y fuentes de vapor de agua que participaran en la formación
de los bloques.
"Los contrails forman pequeños cristales de hielo y dejan partículas
en la atmósfera, al igual que otros fenómenos como los estampidos
sónicos", indicó a Mundo Misterioso Jesús Martínez
Frías. Su propuesta no indica que los aerolitos sean unicamente una consecuencia
de los contrails, sino que las estelas químicas pueden aportar en algunas
circunstancias elementos fundamentales para la formación de los bloques
de hielo. Además, y según nos mostró con el apoyo de varias
fotografías, todo el planeta, y en especial el Hemisferio Norte, está
"contaminado" por los efectos de la aviación. Una nueva prueba
de que los aerolitos son, en cierto modo, un síntoma de la nefasta acción
del ser humano sobre nuestro tejado planetario.
Los miembros del comité
*Jesús Martínez Frías: Es uno de los más
atrevidos científicos españoles. Ocupa altos puestos en organismos
oficiales internacionales y ha publicado más de 130 investigaciones en
medios científicos. Profesor universitario de geología y planetología,
es el máximo experto español en meteoritos y, como ha demostrado
en la presente investigación, su decisión y convencimiento le
llevan a investigar aquello que sus colegas prefieren obviar. Es el verdadero
inspirador del comité.
*Hilton S. Pinto y J Zullo: investigadores de la Universidad de Campiñas
(Brasil). Estudiaron dos gigantescos meteoros de hielo en 1997, los cuáles
fueron analizados en laboratorios de la NASA.
Descubrieron que estaban formados por agua idéntica al agua de lluvia.
Sopesaron la posibilidad de que se tratara de agua extraterrestre, pero postularon
que eran fruto de un inusual proceso meteorológico. Han vuelto a la investigación
para formar parte del grupo internacional para buscar una solución al
enigma.
*Edgar Santoyo: geoquímico de la Universidad Autónoma
de México que presentó en un congreso internacional celebrado
en Chicago entre los pasados 9 y 12 de septiembre los primeros resultados a
la investigación del comité, según los cuáles la
formación de los "aerolitos" son, entre otras cosas, un síntoma
del deterioro de la atmósfera.
*Wan Sichao: profesor del Observatorio Purple Mountain de China. Se
enfrentó al enigma por primera vez en marzo de 1995 cuando cayó
un meteoro de hielo en Zhejiang (China). "Es uno de los grandes enigmas
de la ciencia", dijo entonces. Ahora se ha integrado al grupo internacional
para buscar un respuesta.
*Sven Laufeld: profesor del Natural Hazars de Suecia investigó
la oleada de "aerolitos" que se produjo en este país nórdico
a finales de 1999, poco antes de que se aconteciera en España la ola
de enero de 2000. Participó en principio de la idea de que fueran restos
de hielo ligado a aeronaves, aunque sus investigaciones apuntan desde hace años
en busca de una explicación partiendo de que se trata de un fenómeno
atmosférico muy inusual, como viene mostrando en sus trabajos en la publicación
Geologisk Forum.
*Dr. Millán Millán: Director del Centro de Estudios Ambientales
del Mediterráneo ha desarrollado gran parte de su labor profesional en
Canadá. Es considerado uno de los mejores conocedores de la atmósfera
y fue quien descubrió las anomalías en la troposfera que se registraron
sobre España cuando se desató la lluvia de aerolitos.
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